Sábado, 01 Octubre 2016 19:22

75 años de arte inclusivo

Escrito por  Ignacio Benitez - Fotografías: Delfina Viruega

La Escuela de Artes Visuales N° 3031 General Manuel Belgrano cumplió 75 años. Por tal motivo se hizo una muestra en Plataforma Lavardén con más cien obras realizadas en la institución por docentes y alumnos, además de donaciones de artistas, entre los que se destacan figuras como Lucio Fontana, César Caggiano y Luis Ouvrard, entre otros. El Licenciado Claudio Ruiz, director del establecimiento, contó  los  cambios que se fueron dando en la historia de la institución.

La Escuela Provincial de Artes Visuales N° 3031 Gral. Manuel Belgrano se fundó en 1941 como una necesidad social de las clases medias y bajas en una época donde el acceso a la formación artística estaba destinado a las familias de clase alta. Originalmente abrió en calle San Martín 474, donde hoy en día hay un estacionamiento. En 1980 se trasladó a La Vigil, un lugar destruido y saqueado por el proceso militar. El director de la escuela, Claudio Ruiz, de prolífera carrera como escultor (expuso en países como Francia y México) señaló: “Nos encontramos con libros quemados, falta de luz, no habían dejado nada. Fue un momento difícil, no había libertad de expresión y las expresiones artísticas no les convenía a nivel político”.

 

Cambio de paradigma

En los últimos 20 años, Rosario sufrió la desaparición de espacios de difusión. “Los espacios de arte, galerías y demás fueron desapareciendo, quedan pocos y no son lo que eran. En ese contexto los artistas debieron buscar otras opciones, se adueñaron  ellos mismos de lugares alternativos, más que nada en espacios callejeros con técnicas de stencil, grafitti y la pegatina, incluso, hay muchas producciones de buena calidad”, repasó Claudio Ruiz, quien en relación la escuela señaló: “Hay una apertura en la escuela para que ellos se desarrollen en cualquier ámbito, cada uno tiene que encontrar su propio recorrido y la manera de acceder al público. En la escuela se dan cursos por ejemplo de murales, pegatinas y demás. Lo consideramos como un lenguaje válido, es más, tenemos alumnos que hacen grafitis con seudónimos que no podemos dar sus nombres, famosos en la ciudad”. Además de los espacios callejeros, el director contó que también surgieron otras alternativas como lugares vecinalitas, distritos, bares y ámbitos privados. “Se abrió el espectro y se diversificó, no hay una mirada univoca, hay diferentes recorridos”, agregó.


Los avances tecnológicos en los últimos 15 o 20 años fueron acelerados, la escuela se fue ajustando acorde a las exigencias de los nuevos tiempos. “Hoy los docentes trabajan con medios digitales, las tecnologías influyen, hay más sistemas. Los nativos digitales incorporan un elemento, surgen obras con sonidos, movimientos, elementos mecánicos, monitores con células fotoeléctricas,  hay una apropiación por estos elementos que parten desde los alumnos, tienen un lenguaje más incorporado que el docente, para los chicos el lenguaje digital es el lenguaje”, expresó el director. No obstante, la institución quiere conservar ciertas tradiciones y técnicas. ”Nos parece que el mensaje con el tratamiento manual y la técnica siguen sosteniendo un concepto. Toda obra tiene que transmitir un mensaje y que esté sustentado desde la formación, la producción y lo material; nuestra institución tiene una fuerte tradición vinculada con esto del saber hacer, consideramos que si una obra es plástica justamente tiene que demostrar características plásticas, valga la redundancia”, agregó el titular de la institución.

Diseño Gráfico

Hasta el año 1980 en la escuela existían dos carreras, el Profesorado en Artes Visuales y la Tecnicatura en Artes Visuales. Hace 18 años se agregó  la carrera de Técnico en Diseño Gráfico y Comunicación Visual, la única gratuita en la ciudad. Al respecto, Ruiz expresó: “Estamos compitiendo de igual a igual, la escuela cuenta con computadoras, tabletas digitalizadoras y con un taller gráfico para que los alumnos aprendan a través del oficio. Tenemos impresoras, plotters de corte, guillotinas, estampadoras térmicas, encuadernadoras, entre otras herramientas. La idea es que los alumnos desarrollen prácticas profesionalizantes dentro de la institución, que puedan sacar sus productos con calidad profesional”.

 “El taller se autogestiona. Mucho de lo que se hace como material de difusión para la escuela se realiza a través del taller, esto implica que se pueda ir creciendo. El alumno imprime a bajo costos y pueden concretar su proyecto desde la escuela. Además, cubre todas nuestras necesidades, el dossier que se sacó en la última jornada de educación fue realizado íntegramente en la escuela, el armado, la impresión, el diseño, catálogos, lo proveen los alumnos dentro del taller gráfico en la misma escuela”, agregó.

Desde adentro hacia afuera

Claudio Ruiz comenzó en 2009 como director de la escuela siendo jefe de área de arte. “Los nuevos directivos nos dimos cuenta que la escuela se había ido hacia adentro, nos habíamos vuelto endogámicos, teníamos potencial, pero habíamos perdido algunos espacios en la ciudad”, explicó Ruiz, y agregó: “Como eje central tratamos de buscar en ese momento, visibilizar y darle un sentido a muestras de alumnos y a las jornadas de arte y educación; también logramos la apertura de turno tarde que fue un cambio significativo, ya que  la escuela está abierta todo el día y los alumnos puedan usar las instalaciones en cualquier momento, ellos ahora tienen la escuela disponible para invadir y utilizar los espacios”.

En los últimos años se realizaron jornadas de arte, educación y otras de diseño. “Trabajamos muy fuerte para que los chicos tengan a su alcance  todas las visiones, la idea es que los alumnos sean críticos y pensantes. Es por ello que invitamos a disertar y dar talleres a artistas y diseñadores reconocidos para que les cuenten sus experiencias a los alumnos, pasaron profesionales como Rocambole, Flavio Mammini o Mariano Cerella, entre otros, gente que para los chicos y los docentes fue importante tener un contacto para seguir creciendo”, sostuvo el titular de la institución.

 “Muchos de los artistas buscamos el contacto con la gente, más que con alguna institución que te diga si la obra vale o no. Yo soy un escultor que trabaja más que nada con el metal, todo el tiempo tengo que fundir, soldar, torcionar, cerrar y abrir grietas. Con esto que nos pasa a nosotros como seres humanos y nos transforma en quienes somos, trato de sacarle al metal la dureza y humanizar la obra para que no quede tan fría”, concluyó.