Miércoles, 24 Diciembre 2014 02:28

Estas vidas cantadas, de Natacha Gattarello

Escrito por  La Brújula

Esta semana terminó de editarse y ya esta a la venta la primera producción literaria de La Brújula en formato papel. Se trata de "Estas vidas cantadas" de Natacha Gattarello. Un libro que sale a la luz gracias a la editorial de El Corán y el Termotanque que lo incluyó en su colección Libros de la Barca.  Durante los años 2011 y 2012 el micro Historias del más acá formó parte del programa “Bárbaros”, una producción radial de la Cooperativa de Comunicación La Brújula, emitida por Radio Universidad de Rosario los domingos por la tarde. De las historias allí narradas nació esta producción literaria.

 

Las vidas que aquí se narran tienen su génesis en la radio. Y no es casual. Pocos medios están tan atravesados por la idea de contar historias, de viajar usando la palabra como transporte. Con la idea de recoger relatos y volcarlos en cada emisión, fuimos recorriendo ese camino: el de salir a escuchar para poder meternos a la radio a contar.

Despegado del discurso estrictamente periodístico y atravesados por historias sencillas y particulares, que reflejan a las universales -por las que al fin y al cabo todos estamos marcados-, domingo por medio durante esos años, estos relatos fueron deshojados al aire de la radio, uno a uno.

Fuimos descubriendo que en esos breves y pequeños testimonios estaba la trama de la gran historia; en la esquina de cualquier barrio, en la calle, en un club, en una plaza, en el campo. La historia del más acá podía ser la vivencia de cualquier hombre o mujer, con su oficio y su historia a cuesta.

Más de veinte fueron las vidas contadas, más de veinte las historias compartidas. Aquí reproducimos seis, que son pedacitos de una gran historia que tiene millones de protagonistas, y que intentamos (en la radio, en el libro y en nuestra profesión en general) reflejar y dejar grabada con el objetivo de reconocernos y poder apropiarnos de estos testimonios que no son más que nuestra propia historia.

Cooperativa de Comunicación La Brújula


Prólogo por Germán Mangione:

Retumba la sentencia. “La historia la escriben los que ganan”. Y como dice la canción de Nebbia, eso implica que oculta espera, tras las letras del escritor del bando triunfante, otra historia.

Sin embargo, más allá de quién triunfe o quién escriba, las historias que arman el rompecabezas de la historia están ahí. Más allá de los escritores, más allá de las corrientes intelectuales, académicas o políticas. Están ahí, ocultas o semideveladas, pero creciendo en los rincones más recónditos de estos arrabales.

La “gran historia”, la de los manuales y los documentales, es simplemente la punta del iceberg de una construcción hecha a base de miles de pequeñas historias que van sucediendo y se entrelazan. Van cobrando fuerza hasta dar forma a esa ínfima parte, esa punta, que los que cuentan historias deciden sacar del barro, limpiar, emprolijar y servir en la mesa del academicismo, como un manjar para pocos.

Y el periodismo, el hijo menor de la historia, encargado de ir contándola en la crónica diaria como digno heredero de los errores de la ciencia madre, ha adquirido el vicio. Y así como historia es la de los que ganan, la noticia o crónica diaria que prevalece termina siendo la que es relevante para el titular. No hay tiempo, no hay espacio para las otras historias. Para las nuestras.

Esta ecuación se completa con una operación aún más terrible. La idea de que si no se cuenta, si no fue relevante para el dispositivo que la cultura tiene predispuesto para retratar la realidad, entonces esas historias, no existen. Dos pájaros de un tiro. En la misma operación en que se da relevancia a las historias de los “ganadores”, se niega la nuestra, la de los supuestos perdedores.

A lo sumo un espacio, módico y efímero, nos es reservado en la crónica policial donde poco importan las historias y sus protagonistas sacrificados en el altar del morbo. Siempre y cuando lo alimenten diariamente.

Y en esa construcción de la historia en grandes trazos, solo caben algunos pocos. No hay lugar para detalles, y de esa manera se va reescribiendo una realidad más cómoda a sus intereses (el de los que escriben, claro) y se va cimentando una historia de iguales características. Con pocos protagonistas, con muchos extras.

En este marco, el libro empieza a cobrar su verdadera dimensión, su razón de ser. La recopilación de estas historias es un poco de aire ante la sofocante unidimensionalidad en la que se sumerge el relato cotidiano e histórico. Una búsqueda. Un intento.

Esta búsqueda se asienta en la seguridad de ir a buscar las historias que están y existen, más allá de esa búsqueda. Más allá del relator. Están ahí y contarlas es una decisión.

Y el cómo contarlas también. Y Natacha elige contarlas desde adentro. Desde lo profundo de su mirada afloran las miradas de los protagonistas, bañados en su subjetividad y transformados en palabras se dejan contar, alumbrarse en la mirada que los trae al primer plano rescatándolos de la oscuridad que el relato del gran suceso les tenía reservado.

Y esta mirada no intenta sin embargo descubrir nada, intenta llegar a la historia sin ser ajena a ella. Es una mirada que acompaña, porque por sobre todo se sabe parte. Y a su manera cuenta las historias de personas concretas, que sin embargo se universalizan en su relato. Que pueden ser cualquiera, aunque son alguien.

Finalmente este libro es un cimiento, hecho de tierra y trabajo, sobre el que se edifica la crónica diaria y sobre el que pesará el edifico de la historia de este tiempo aunque pocos logren verlo.

Será, o intentará ser, un reflejo desde debajo de un tiempo en que la historia real pugnaba una vez más por parirse abriéndose camino entre ciegos relatos, y gritando al oído de sordos cronistas para demostrar que aunque no la cuenten, la historia siempre nace y crece desde allí, o mejor dicho, desde acá.