Viernes, 15 Septiembre 2017 17:13

Nunca más inundaciones, la unión de los vecinos.

Escrito por  Ignacio Benitez
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Empalme Graneros sufrió diecisiete inundaciones a lo largo de su historia, pero la del 26 de abril de 1986 fue el quiebre para que los vecinos de la zona tomen la decisión de unirse. En la madrugada de aquel día, el Ludueña volvió a salirse de su curso. Ya se había transformado en un fenómeno cíclico que cada dos años se repetía.

“Eran las 12 de la noche y estábamos con nuestros hijos levantando la mercadería, yo tenía un metro sesenta de agua  adentro del negocio. Venían los vecinos y nos informaban  que el arroyo iba subiendo, entre ellos vino Domingo Polichiso, un vecinilasta, un luchador y me dijo: ‘esta va a ser la más grande de todas’. No le erró, así fue” contó Leonildo Foresto, uno de los creadores del movimiento Numain (Nunca Más Inundaciones).

Un héroe de otros tiempos

Leonildo Foresto, llegó al barrio Empalme Graneros el 1 de setiembre de 1960. En Juan José Paso al 2402 instaló la tienda Iguazú. “Yo lo considero mi barrio, aunque nunca haya vivido ahí, entré en él con un negocio de cuatro por cuatro, mi capital era una motito puma, la gente me pedía un vaquero y me iba  hasta calle San Luis a buscarlo en mi pumita” contó emocionado Foresto y agregó  “Cerré el negocio hace 20 años a causa de la enfermedad de mi mujer. Yo tenía una compañera de fierro que me bancaba, ella tuvo mal de Alzheimer, es por eso que fundé la asociación de lucha contra el mal de Alzheimer.”  Foresto es uno de los precursores de los vecinos que quedaron en la historia,  junto a Virginio Ottone, Domingo Polichiso y el padre Agustín Bullian, ellos son algunos de los vecinos que lucharon por el Nunca Más Inundaciones.

La unidad fue el único requisito.

“Tendero, médico, cura, nadie sabía de hidráulica, pero  tuvimos que comenzar a organizarnos, eso fue lo que más trabajo llevó. En la vecinal había problemas, el viejo Ottone era comunista, él era un gringo muy honrado. Murió pobre, lo echaron del partido, él venia de Italia ya formado en su posición política”. La unidad fue el único requisito que impuso Foresto para formar parte de la comisión que se iba a crear. Él decía que si se desintegraba el reclamo en distintas agrupaciones perderían el tiempo. Así que, junto a Domingo Polichiso, convocaron a Virgilio Ottone y al sacerdote Agustin Gullian.  “¿Junto al cura? Me van a echar del partido” se quejó Ottone en aquel momento y el cura le respondió a Foresto

“Me van a echar de la iglesia”, lo paradójico fue que terminaron trabajando juntos en la vecinal y siendo amigos. Después de esto el presagio se dio: a don Virgilio Ottone el partido lo desprecia y al cura Gullian la cúpula del clero lo saca del barrio a modo de castigo.

En un momento, Foresto sintió cierta desconfianza para seguir con la reuniones ya que había siete u ocho comisiones y se manifestaba una desorganización general, contó Foresto al respecto: “En aquel entonces le dije: ‘Mientras sigamos con esta tónica no me muevo del negocio, yo sigo si nos unimos’ a lo que Polichiso me respondió: -En vez de decírmelo a mí por qué no va a la asamblea y lo plantea-, me metió el dedo en la oreja y tuve que aceptar”.

En la asamblea, tras ardua discusión, se pusieron de acuerdo. Eligieron una comisión provisoria. Comenzamos a nombrar votando a mano levantada para formarla, era necesario organizarse. “Me eligieron para dirigir la asamblea y propuse hacer una reunión al día siguiente. El cura de la iglesia, Gullian, la ofreció para la reunión; Virgilio Otone dijo ‘yo oferto, para la segunda la vecinal’ y el presidente del club La Gloria, nos invitó al club para la tercera”.
NU.MA.IN

La bronca se fue transformando en lucha, una muestra de aquello fue la elección del nombre. Una vecina  que llegó como pudo a la asamblea, gritó  desde arriba de una silla y embarrada: “Foresto, nunca más inundaciones”, desde ahí quedó la sigla NU.MA.IN. “Hubo que dejar mucho en el camino, todo llevó mucho esfuerzo, nos sacó tiempo con la familia, a mí me costó un auto por ejemplo, viajábamos en él para todos lados” rememoró Leonildo Foresto, ya habían acordado los asambleístas que para lograr que se hagan las obras, iban a tener que dejar de lado  muchas cosas. Pero no todo era color de rosas entre los compañeros, “Yo noté que había división, estábamos en la iglesia, me di cuenta que los jóvenes estaban en contra de nosotros, éramos los viejos, entonces se me ocurrió una idea: que haya dos presidentes, estuvo por un lado Osvaldo Lalín Ortolani y por el otro Domingo Polichiso” explicó Foresto, pero dejó en claro que las rispideces debían diluirse y todos comenzaron a ir juntos en una misma dirección la de Nunca Más Inundaciones.

Otro de los problemas que tenían los vecinos de Empalme Graneros eran los terraplenes de las vías de ferrocarril, tras reclamos que no fueron contemplados por la empresa que en aquel entonces que se la denominaba “Ferrocarriles Argentinos”, los vecinos fueron con picos y palas  para que abran el terraplén y así poder desagotar las calles del barrio. Rompieron tres rieles, de esa manera fueron escuchados y consiguieron 12 alcantarillas para que el agua corriera.

A fines del 87 desaparecieron los terraplenes del barrio, a partir de ahí todo se fue solucionando de a pasos firmes, desde la construcción de la represa del Ludueña y el aliviador II hasta llegar a culminar el aliviador III, finalizado en el año 2016”, todo esto gracias al tesón de los vecinos, entre los que sobresalieron Leonildo Foresto, Domingo Polichiso y Osvaldo Ortolani.

Dimes y diretes con los políticos

“El Secretario de Obras Públicas del Intendente Horacio Usandizaga era Adolfo Gabriel Bisellach, un tipo  muy cerrado, tenía muchas ínfulas. No nos llevaba el apunte. Nosotros estábamos enojados con Usandizaga.  Ni siquiera respondía los pedidos de audiencia y les armamos una manifestación en la Municipalidad, en casa de gobierno, ahí juntamos 3000 personas” recordó Foresto y adujo” Fui a la plaza a ocupar el primer lugar para no tener problemas, una señora me alarma de que  sale Usandizaga, ¡Foresto ahí está el intendente! Me acerqué al auto para pedirle que baje la ventanilla y ahí comenzó la conversación entre Foresto y el Intendente”.

—¡Qué quiere! No voy a bajar la ventanilla  —Dijo Usandizaga.
—¿Usted no sabe que hay una manifestación? Tres veces le pedimos audiencia y no nos contestaron. —Respondió Foresto.
—Ustedes son unos patoteros que se llevan todo por delante, hacen las cosas por la fuerza, ni siquiera piden audiencias— replicó el exintendente
—Señor Intendente, yo le voy a demostrar que se la pedimos.
—Ahora yo no los voy a atender de prepo porque me hagan una manifestación, además no me pidieron audiencia.
—Si le pedimos.
—Bueno me voy, arranque nomas. —Le dijo Usandizaga a su chofer.
-Espere, escúcheme lo que le voy a decir, no sé si usted va a ganar una elección en Empalme, si hoy se va y no nos reciben no solo que no va a ganar en nuestro barrio sino que ni en las vecinales amigas va a triunfar, ni los perros lo van a votar.
— ¡Vamos! Le gritó Usandizaga a su chofer.
El intendente Horacio Usandizaga se fue, dio la vuelta a la manzana y volvió al lugar de la manifestación.
—No crean que me dieron vuelta la mano, pero yo quiero colaborar con ustedes, los voy a recibir, pero es la primera y última vez que los recibo sin pedido de audiencia, porque si ustedes no hacen las cosas bien no los voy a aceptar.

Horacio Usandizaga se había dispuesto a recibirlos en el despacho entre dimes y diretes “Ese día entramos diez personas, nos dijo de todo, que éramos patoteros, siguió insistiendo y le mostré la carpeta con los pedidos sellados de audiencia, en ese momento  cambió la postura y le dijo a su secretario que iba a tener una charla con él, estaba enojado” contó Foresto. Usandizaga reprendió al Secretario Bisellach. Le dijo en tono elevado: “Anote el nombre y apellido de este señor, todas las veces que llama, nada de estamos en una reunión, yo voy a decidir si lo recibo”. Cuenta Leonildo que desde ese instante empezó una relación maravillosa. Hicimos una reunión con Hugo Orsolini, le explicamos lo que sabíamos y arrancó esta historia. Horacio Usandizaga le ordenó a Hugo Orsolini que se ponga a disposición nuestra y así fue, Orsolini se brindó en todo”.
 
Los asambleístas tenían buena relación con todos los políticos, ya que su organización era apartidaria, con el único que tuvieron problemas fue con José María Bernet “Había un acuerdo tri partito con los fondos de las obras que se dividían entre intendencia, provincia y nación. Bernet cuando disponía del dinero lo hacía dormir siete días en el banco para obtener beneficios de los intereses en plena hiperinflación”  explicó Foresto y que, además, tuvieron muy buena relación con nombres de diferentes arcos políticos como con Héctor “El Tigre” Cavallero, Horacio Usandizaga, Jorge  Obeid y especialmente con Gualberto Venesia. “Cuando el trabajo es en serio, los políticos también colaboran. Hasta Carlos Reutemann que no me hablaba, colaboró”. Lo que sucedió fue que él, por entonces gobernador de la provincia de Santa Fe, estaba en una reunión con Leonildo Foresto, Gualberto Venesia y  Domingo Polichiso. El vicegobernador Venesia le dijo en broma que Foresto no era peronista y que era oligarca a modo de chanza. Reutemann no entendió que fue un chiste y nunca más le hablo a Foresto.

“Con la ayuda de los vecinos controlábamos las obras; si paraba, ellos avisaban y nosotros preguntábamos qué pasaba con los fondos, estábamos todo el tiempo con las antenas paradas, ‘había un vecino que se denominaba ‘El Espía’, vivía cerca del arroyo y nos informaba todo” Explicó Foresto, que tiene 93 años y un temple envidiable. Un héroe de nuestros tiempos.

La lucha continúa.

Según Leonildo la presa funciona prefecta pero no alcanza “Nosotros cuando nos inundamos en el 86’, el promedio de la cuenca era de 180 mm, ahora llueve 400mm en dos horas, pero nosotros a esto ya lo habíamos previsto, la pensábamos todas, propuse tener los informes de todos los pueblos, Funes, Zavalla, Roldán, Pérez, Casilda. Todos afluentes nuestros que controlábamos con ayuda de las cooperativas agrarias que tenían pluviómetro y la comisarias, nosotros sabíamos que desde Pérez a Empalme Graneros el agua llegaba en 24 horas.  A veces teníamos sol y llegaba la inundación, íbamos llamando, hacíamos todo los informes” Según Leopoldo el trabajo que hicieron ayuda, hoy en día, a controlar el agua, pero faltaba hacer otro aliviador y se pudo inaugurar durante el año 2016, el Aliviador III que pasa a doce metros de profundidad. Gracias a toda la lucha, Empalme Graneros y otros 11 barrios ya no se inundan más, pero avisa Leonildo Foresto: “Estamos pidiendo el Aliviador IIII, tenemos que prever lo que suceda dentro de diez años”. Leonildo Foresto valora que toda la gente del barrio se involucró en Numaín. “Todavía voy a la vecinal, paso a pagar la cuota. Empalme es mi barrio y siempre le voy a estar agradecido”.

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