Martes, 27 Diciembre 2016 12:46

Soy mi Trabajo: Triángulo Color

Escrito por  La Brújula
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Un mensaje de Whatsapp. Así fue como los empleados de Triángulo Color se enteraron que el laboratorio fotográfico ya no abriría sus puertas en Rosario. Eran las 6.50 del jueves 24 de noviembre cuando el dueño de la empresa, Pablo Isphais, le mandó un mensaje a uno de los trabajadores para comunicarle las malas nuevas. Diez minutos más tarde, hora a la que los empleados debían abrir las diferentes sucursales, se encontraron con que las cerraduras habían sido cambiadas imposibilitando su ingreso. Durante décadas Triángulo Color fue una empresa líder en el trabajo de impresión digital y por láser de todo tipo de imágenes, cuya magnitud es solamente comparable a otros cinco laboratorios del país. Su cierre dejó en la calle a una treintena de trabajadores, a quienes se les adeudan varios meses de sueldo y todavía no fueron indemnizados. Esta es la historia de sus trabajadores, hombres y mujeres que durante años se pusieron la empresa al hombro como si fuese propia.

Trabajo realizado por el Equipo de Fotografía y Cronistas de la Cooperativa de Comunicación La Brújula 

 

 

Walter Bandoni

"Trabajábamos bien, teníamos buena afluencia de clientes. Es mentira lo que dicen los medios de que no había trabajo. Había buenas cajas, no eran quizás las de otros años, pero no había pérdidas. Nosotros éramos pioneros en esto, ya que no hay en Rosario y en la zona un lugar así. Hemos trabajado con gente de toda la Argentina. Teníamos una marca, un prestigio"

"Nos da mucha tristeza que se deje de aprovechar esta fuente de trabajo. En mi caso, estoy esperando un hijo y nos dejaron en la calle, sin un centavo. Hace 11 años que estoy en la empresa. Ahora hago changas con lo que puedo, pero no alcanza. En la misma carta documento dice que no les interesa pagar lo que nos deben ni las indemnizaciones. Es muy triste que una empresa tan conocida y querida termine de esta manera".

 

Graciela Espada

“Hace 35 años que trabajo acá. En ese sentido soy la menos perjudicada, porque me faltaba solamente un año para jubilarme. Estos últimos tiempos fueron muy terribles, con muchas mentiras y engaños. Fue muy baja la manera en que nos enteramos que esto cerró. Mis compañeros que tenían que abrir se encontraron con que habían cambiado las cerraduras. No se podía abrir y uno de los dueños Pablo (Isphais) le mandó un Whatsapp al delegado y de esta manera nos enteramos que Triángulo Color cerraba".

Daniel Gada

"Ese día vine a trabajar y vi que estaban todos en la puerta, y pensé 'se habrá cortado la luz'. Hace 35 años que estaba acá. Se trabajaba bien, no como en otra época pero alcanzaba. No dejaba un margen de ganancias como los dueños anteriores, que se compraron campos y propiedades en el centro; pero si querían seguir, podían tranquilamente. No era para volverse rico, pero daba para seguir manteniéndolo, más en esta época del país en que esta todo recesivo. Se facturaba $1.500.000 por mes y entre gastos, sueldos, se iba $1.000.000 aproximadamente. Algo de margen quedaba, pero era gente que no entendía nada. La fecha más fuerte para un laboratorio es diciembre, así que ni siquiera vieron eso, se quedaban un mes más y juntaban un montón de plata. En los shoppings estaban los Papá Noel que sacan 200 mil mangos de ganancias solo con la fotito. Así de tontos son".

 

 

 

 

Luis Farinella

El caso de Luis es uno de los más particulares, porque su despido representó el comienzo del fin de la empresa “La cosa empezó cuando a mí y a otros compañeros nos despiden en junio. Me debían vacaciones, dos sueldos y el proporcional de aguinaldo. Hice el reclamo formal de la deuda y se ve que eso no les gustó, les empezó a molestar; habrán pensado 'este va a hacer que los demás hagan lo mismo', y me echaron. Me armaron una causa ridícula, que era que yo salía a fumar a cada rato y que ponía la música muy fuerte. En 25 años jamás tuve ni una suspensión o un apercibimiento.”

“Inicié mis trámites de fondo de desempleo y lo pude lograr porque me dieron un telegrama bien hecho, no como a los chicos. Ahora estoy haciendo changas. A fines de noviembre me enteré de que presentaron la quiebra, lo cual modificó mi situación; porque ya no soy un empleado al que lo tienen que indemnizar en un juicio común, sino que paso a ser una especie de acreedor. Desde junio que estoy sin un peso de parte de esta gente. Mi abogada me había dicho 'esto es la punta del iceberg'. Cuando llegó noviembre me di cuenta que tenía razón".

 

Darío Soldani

Fue quien tuvo el curioso honor de haber recibido el mensaje de Whatsapp. “Me levanté y me encontré con ese regalito. Era una burla, una tomada de pelo a gente que vino a laburar sin cobrar. A principios de año cobrábamos a cuentagotas, pero en abril o mayo nos reunieron para decirnos que estaba complicada la situación porque se venía el aguinaldo. Ahí decidimos interceder con el gremio y con el Ministerio de Trabajo, los citamos en varias audiencias para que explicaran porqué no pagaban y a ver si nos daban una solución. Después de tanto andar, logramos cobrar los sueldos completos. La deuda era bastante grande y les propusimos un plan de pagos en tres cuotas. La primera de esas cuotas la pagaban el 25 de noviembre, un día después de que el local cerró".

Darío va más allá y realiza un cuestionamiento de fondo: “Las leyes de las SRL de este país las tendrían que rever, porque no podés permitir que una persona le ceda una empresa a alguien que es insolvente. Con una SRL respondés con el capital que tenés, y en este caso es un pobre local que no termina de pagar a los empleados".
“Ellos se jactan de que con la venta del local van a solucionar el problema. ¿Quién compra hoy un local? Una constructora. ¿Qué constructora va a comprar un local que tenga un edificio arriba, como lo tiene éste? Comercialmente es inviable. Ponele que se haga, el local está valuado en 400.000 dólares, con lo cual lo podés llegar a vender en 300.000 dólares. Yo tengo 25 años de trabajo, me tenés que dar 600.000 pesos; con tres o cuatro indemnizaciones ya cubrís el valor del local".

  

Diego Benítez

"Hice de todo en esta empresa: armado de foto-libros, atención al público, caja, copias, atención telefónica. Me tomaba una semana de vacaciones por año y estoy hace 13 años. En mi caso más que bronca, tengo tristeza por la forma. Hasta dos días antes estuvimos mateando con uno de los dueños".
"Éramos como una familia. A veces atendes el teléfono en tu casa y decís 'Triangulo Color buen día'. Incluso nos hemos peleado a veces con alguno por 10 pesos que ni siquiera son tuyos, son de la empresa. Verla así cerrada, todo parado, sin alternativas, es un hachazo en la espalda. Además, esto te da una experiencia aterradora, porque la confianza que teníamos era total. De hecho, nunca habíamos hecho paros ni piquetes, seguíamos laburando con meses de sueldos atrasados. Hasta el día de hoy sigo sin entender cómo pasó".

Ana Scarano

"Hacía 10 años que estaba en la empresa, trabajaba en la sucursal del Portal Rosario. Lo que más nos dolió fue la forma. Hace varios meses que estábamos apoyándolos, poniéndole voluntad y tirándoles ideas para que puedan remontar la situación. El día que cerraron yo tenía franco y me enteré por los chicos. Muchos la sentíamos, no como propia, pero sí como una empresa muy humana. Nos veíamos día a día. Yo tuve confianza hasta el final con ellos".

Jorgelina Biancardi

"Fui desde 2007 la diseñadora gráfica en el local de Rioja 970. Cuando los últimos dueños tomaron la empresa, cerraron esa sucursal y nos trasladaron a Córdoba 1084, que tampoco duró mucho. Para no despedir gente, cerraban locales hasta que terminamos todos en Casa Central".
"Resigné muchas cosas por la empresa: me tomaba una sola semana al año de vacaciones, o me quedaba muchas horas de más para que los trabajos salieran en tiempo y forma. Ellos tendrían que haber sido más humanos. En lugar de ese Whatsapp, tendrían que habernos dicho 'chicos no podemos abrir los esperamos afuera y hablamos'".
"Es una picardía saber que hay tanto material ahí, tras las rejas. Si llegamos a esta instancia es porque confiábamos en ellos, en su palabra. Fue en vano todo lo que hicimos".

 

Sergio Pierani

"Estaba en la empresa hacía 12 años. Quiero hacer hincapié en el daño moral que nos han causado; y no solo con ellos, sino con los problemas que estamos teniendo con las tarjetas de crédito, alquileres, impuestos. Nos han dejado afuera de todo sistema. Podrían habernos ofrecido alternativas, hacer una cooperativa, que la empresa siguiera por una cuestión de historia. Esto era una PYME, teníamos acceso a los dueños, hemos visto crecer a sus hijos".
"Esto fue una Sociedad de Hecho durante 35 años. Es un rubro en el que los empresarios estaban acostumbrados a tener una rentabilidad extraordinaria, entre el 150 y 200%. Hoy por hoy, un negocio como este, bien administrado, puede dejar una rentabilidad de un 40 ó 50%, lo cual es más que viable. El problema fue que se formó un imperio, ya que los antiguos dueños comenzaron a incursionar en otros ámbitos, comprando1000 hectáreas de campo, con cabezas de ganado, soja, y propiedades. Esto llevó a que se transforme en una Sociedad de Responsabilidad Limitada. Fue ahí cuando comenzó el vaciamiento, porque terminaron transfiriéndole la empresa a dos de los hijos, que son los que llevaron a este caos y desaparecieron".

 

"Hubo además una desviación, porque la empresa facturaba alrededor de $1.500.000 por mes; y no se pagó a proveedores ni a la AFIP, mucho menos los aportes jubilatorios. Entonces, ¿dónde fue a parar todo ese dinero durante seis meses que no nos pagaron? Esperamos que el juez que atiende la causa de la quiebra, que ellos mismos presentaron, entienda que esto fue una maniobra de vaciamiento, para cobrar lo que nos corresponde y después que hagan con la empresa lo que quieran. Se podría haber buscado otra salida o, al menos, habernos hablado de frente y no huir como ratas".

 

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