Sábado, 29 Julio 2017 01:44

Sietecase: literatura y periodismo.

Escrito por  Ignacio Benitez

Se publicó “No pidas nada”, la última novela de Reynaldo Sietecase. El libro está estructurado en dos tramas paralelas que transcurren en Buenos Aires y Río de Janeiro. Dos contextos amplios de historias violentas, en las que participan un periodista y un abogado. El escritor refirió a su obra y también contó sobre sus comienzos literarios. “Lo que me aporta el periodismo en la ficción es que tengo una gimnasia grande de búsquedas de datos”, confió.

En esta novela negra, como en las anteriores de Reynaldo Sietecase, hay temas complejos que son recurrentes, se entrelazan las fuerzas policiales y la justicia. El periodista traza la historia a partir de secuelas que dejó la última dictadura cívico-militar, buscando visibilizar sucesos que no son tan conocidos, como los suicidios de militares. “Hay 150 represores prófugos, que es algo de lo que no se habla, como recurso busqué una solución literaria a un hecho real”, explicó en su paso por La Brújula de la Semana.

El escritor logró, a través del protagonista, describir el ejercicio periodístico en todas sus facetas: desde la reunión de edición tratando de convencer al jefe de Redacción, hasta la investigación del tema en que se basa la historia. “El periodista es el ‘Tano’ Gentili, que tiene un gran desencanto con la profesión, es un poco lo que me pasa a mí”, confió.

Mariano Márquez siempre aparece

A Sietecase le pareció que tenía más contundencia contar la historia desde la ficción y no en una nota periodística. Al respecto, señaló: “Se me ocurrió armar una especie de logia que suicidaba a los ex represores, los ayudaba a matarse o a fugarse; mientras que en la otra trama aparece un personaje (Mariano Márquez) que ya había surgido en mis dos novelas anteriores (“Un crimen argentino” y “A cuántos hay que matar”)”.

“Márquez se me instala, los personajes tienen como cierta independencia. El mismo apareció de nuevo en este libro, este protagonista me permitió hacer algo que no pasa en la realidad y pude lograr que suceda en la ficción”, acotó.

La bella y el periodismo

El escritor de “No pidas nada” reunió su oficio periodístico con el literario, y los utilizó como recurso para narrar su novela. “A veces se juntan ambos, copulan y desde ahí nacen hijos bellos, y a veces monstruos. Cuando uno hace periodismo el contrato con el lector es la verdad, cuando uno transita la literatura sabe que todo está permitido”, manifestó. Según Sietecase, su obra tiene un fuerte anclaje en la realidad a pesar de ser ficción: “Es una historia donde todo está permitido, la novela es un género sucio, donde todo vale”, asentó.

La novela surgió tras leer en una revista cultural una nota de Eugenia Zicavo, que hablaba sobre suicidios de genocidas. “Lo tomaba tangencialmente, lo usaba para explicar algo. Me puse a averiguar y había cinco o seis suicidios de militares, algunos forzados y hasta ayudados por alguien que podía tener que ver con la familia. Me pareció alucinante la historia”, contó.

Asimismo, argumentó cómo se le puede dar credibilidad a un hecho de ficción apelando a su ejercicio periodístico: “Uno necesita creer en la novela, aún la de ciencia ficción debe ser creíble, el secreto es confiar en lo que se cuenta. En el caso del policial el verosímil es clave, porque si vos como lector no te creés lo que te está pasando, lo dejas de leer”.

“Lo que me aporta el periodismo en la ficción es que tengo una gimnasia grande de búsquedas de datos. La novela transcurre en gran parte en Brasil y a través de eso conocí favelas, me metí en centros espiritistas. Quizás se pude escribir igual, pero es mejor si lo conocés, a mí eso me lo dio el ejercicio periodístico”, remarcó. También aplicó esos recursos en obras anteriores, como en “A cuántos hay que matar”: “Había un momento en el que se tiraba un bolso con dinero de rescate desde un vagón. Me tomé ese tren como ocho veces para chequear, entre otras cuestiones, si era creíble el horario en el cual se lanzaba el bolso”, describió.

El maestro

“Siempre aclaro que vengo de la literatura, luego descubrí al periodismo. Tuve otros trabajos en el medio, trabajé en una metalúrgica o en una imprenta, por ejemplo. Empecé a escribir poesía a los 16 años, a partir de la muerte de mi madre”, relató Sietecase. Nunca dejó de hacer literatura, aunque el género al que llegó más tarde fue la novela, “En 1998 fui a un taller periodístico con Tomas Eloy Martínez -gran maestro- que se dictó a través de la Fundación García Márquez. El último día, nos hizo una devolución y cuando terminé de leer mi texto me dijo ‘mire, usted ahí tiene una novela’, quedé impactado”, compartió.

A partir de ese momento, empezó a trabajar esa novela. "Le debo a Tomas Eloy Martínez mi ingreso a la narrativa”, afirmó. Además de escribir poesía y novelas, ha sabido navegar por otros géneros como el cuento (con su libro “Pendejos”), la crónica (con “No hay tiempo que perder”) y el ensayo periodístico (con su libro más vendido “Kamikazes”).

El Poeta Manco

El Poeta Manco fue un grupo literario de jóvenes, que escribían contra el autoritarismo de la última dictadura cívico-militar. “Empezamos en el ‘81, trabajábamos en revistas literarias y de colegios secundarios; varios de los que participábamos éramos poetas y se nos ocurrió la idea de un tipo sin manos”, comentó.

En aquella época, no se podía escribir y publicar en libertad. “Empezamos a hacer distintas acciones, a pintar paredes sobre todo. Las juventudes políticas pintaban ‘luche y se van’; y nosotros poemas de Paco Urondo o de Juan Gelman, entre otros. Era el final de la dictadura, no era una cosa tan amable, hemos llenado plazas o tapado medios de comunicación con diarios. El grupo editaba una revista, pero no era solo eso, era un movimiento importante”, contó el periodista, quien al terminar la nota radial se fue a firmar novelas a una reconocida librería de la ciudad.

La entrevista completa en La Brújula de la Semana.