Martes, 13 Junio 2017 14:12

Raúl Daz: Un cambio en el rumbo de la política económica es indispensable para el futuro

Escrito por  Irene Orellano

En el micro radial Sindicatos del programa La Brújula de la Semana, el secretario General de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) Rosario, Raúl Daz, analizó la actualidad del sindicalismo, la relación con el Estado, el sindicalismo burocrático y la batalla cultural de la clase trabajadora.

En su paso por La Brújula de la Semana, Raúl Daz brindó su mirada sobre la coyuntura política que atraviesa el país, así como las luchas y desafíos que enfrenta el sindicalismo.

—En estos primeros meses de gobierno macrista, ¿qué visión tenés del sindicalismo?

—Pienso que siempre ha sido difícil la vida para el trabajador. En una etapa, el conflicto fue recuperar la democracia. Y hoy es defenderla, sostenerla y ayudar a que haya más democracia cada día. Hemos levantado banderas de lucha que el gobierno, con sus políticas económicas tira abajo, en sentido de derechos.
Empezamos el 2016 con un ajuste brutal. Ya veníamos de finales de 2015 con el mismo ajuste. Justamente, decíamos que nuestro trabajo como estatales tiene que ver con los derechos de la ciudadanía; mi trabajo son tus derechos. Vino por ahí la pelea y sigue vigente, a pesar de la avanzada económica, neoliberal, salvaje, brutal, ya en términos represivos y claros de instalar en la sociedad la reconciliación nacional. Instalar la preocupación de que en el ‘76 no hubo Terrorismo de Estado, si no que hubo dos demonios que se enfrentaron y había que, después de esa guerra, terminar reconciliando el país con el perdón, con el olvido. Nosotros creemos que eso no tiene lugar. Uno no puede dejar de mencionar estas cosas porque van de la mano de un plan económico.

—Con el trabajador hay un plan económico, pero lo primero que se vio fue con los trabajadores del Estado, porque fue la punta desde donde tironeó el macrismo.

—En ese momento, fue con los trabajadores del Estado, a la par con los sectores de las ramas por empresas. Este año ha sido con los estatales docentes. Creo que es muy importante el rol del sindicalismo en Argentina o en cualquier lugar del mundo. Lo digo por muchos aspectos: uno de ellos es porque tiene capacidad de organizar, resistir y proponer algo diferente en relación a un conflicto; ya sea más general o particular.

El trabajador del Estado y su concepción

Raúl Daz analizó el cambio de la concepción del Estado en la participación de sus trabajadores en el sistema productivo; y la década del ‘90 como broche final al trabajador estatal de servicios.

— Cuando uno piensa en el trabajador estatal, lo primero que se le viene a la cabeza tiene que ver con servicios, no con la producción.

—Justamente, es lo que han hecho en los ’90: ‘los trabajadores tienen que ser para los servicios’. En los ’90 se destruyeron las industrias del Estado. El Estado creó YPF, creó la Junta Nacional de Granos, creó el Banco Central de la República Argentina. En distintas etapas creó derechos para los trabajadores. El Estado puede crear, mejorar las condiciones de vida y nosotros creemos que es clave para la economía, la sociedad y la cultura. Hoy estamos dando una batalla cultural fuerte porque vienen sobre la salud, la educación, la seguridad social.

—Ahora ni siquiera los servicios son parte del Estado…

—Los servicios con determinados perfiles. Pero si es privado y con lógica empresarial, mucho mejor. Creo que ahí está la clave.

—¿Un ejemplo es lo que está pasando en el SENASA?

—Sí, está pasando con los puertos del SENASA. Es un buen ejemplo para entender cómo en un determinado momento el Estado controlaba medianamente los puertos. Siempre ha tenido dificultades para controlar los puertos. No tengo que ser yo el que opine sobre esas cuestiones. Me parece que hay otros gremios que deben dar su postura, porque si no se articula con distintas visiones no hay chances; no hay posibilidades concretas de que los mecanismos de control sobre los puertos privatizados realmente funcionen.

— Decíamos que estamos en una batalla cultural, ¿contra qué idea?

—Contra la idea de la lógica empresarial, que quiere imponer que todo lo que hace lo privado es potable; y en realidad no es que no tengan que estar las empresas. Digo una batalla cultural porque si la seguridad social deja de ser solidaria, intergeneracional, se achican las posibilidades de que tengamos jubilaciones en el futuro y vuelven a la carga con la administración de las AFJP, vamos a estar en un problema muy serio. Va a quedar una gran masa de trabajadores por debajo de la línea de la pobreza y vamos a estar mucho más desiguales que lo que estamos hoy. En términos culturales, me parece que tenemos que plantear la solidaridad, ampliar la democracia, y mirar la necesidad de respetarnos en cada una de las representaciones; en función de lograr un cambio en el rumbo de la política económica, que es indispensable para el futuro. Hoy millones de jóvenes no saben cómo conseguir un trabajo digno. Hay toda una generación que está en peligro.

—Más allá de la discusión entre lo público y lo privado, lo que hubo como punta de lanza para avanzar fue una gran campaña de desprestigio sobre el trabajador estatal. ¿Cómo se le da batalla a eso?

—Tenemos que estar en la calle y seguir movilizándonos. Tenemos que ser solidarios con quienes nos dijeron en el ’77 que había desaparecidos, y que al principio muchos no creían en eso. Creo que ese lugar se lo ganaron y hoy hay sectores que uno los tilda de reaccionarios en defender la política económica.  Sin embargo, en los grandes medios de comunicación escuchas qué significa el 2x1 y qué antecedentes va a generar. Entonces, hay que pensar la batalla cultural en todos los sentidos.

Hay un punto clave que la Argentina no ha resuelto, que es el tema de la burocracia sindical. Cuando hay dirigentes que, en vez de representar a los trabajadores, están más influenciados y comprometidos con los intereses empresariales o las malas administraciones, la cuestión ya está en problemas. Porque para salvar las empresas, la cámara lechera lo que hizo fue presionar para que no haya más aporte solidario. Y sin embargo los trabajadores lo que han hecho es pelear fuertemente produciendo la riqueza en todos esos mecanismos de producción, que tiene la propia empresa y le ha dado mucha ganancia. Hay que hablar de eso, de cómo se administran. No es que hay que desaparecer las empresas del Estado o el Estado, no es que tienen que desaparecer las instituciones, sino que hay que trabajar fuertemente sobre la corrupción.

Un Estado presente

El Estado presente, el Estado ausente y la mano invisible. El secretario General de ATE Rosario analizó la realidad del Estado argentino con respecto a la economía y al sector productivo.

—Respecto a que el Estado esté presente o no; cuando es para bajar las condiciones laborales, Mauricio Macri pide que intervenga el Estado y después uno lo ha escuchado decir “en cosas de privados no nos metemos”…

—Siempre decimos que queremos paritarias libres sin techo, queremos un piso de dignidad sin techo. Hay un estudio del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) que hace todos los meses: a marzo de 2017, una familia tipo tiene que tener un ingreso de 22.200 pesos. Sobre ese parámetro, ¿dónde está la paritaria? Condicionando ese valor. Para que los trabajadores no estén en ese valor, ¿quién interviene? Interviene el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Economía, el Ministerio de Modernización del Estado.

En la época kirchnerista fue así. Con un poco más de amplitud porque había otro poder de consumo mal distribuido. Fue una etapa donde los commodities entraban fuertemente a la Argentina, pero no se distribuían. Ahora no entran los commodities, han bajado las importaciones, las inversiones, las exportaciones, se ha achicado el mercado interno. Se ha trabajado fuertemente donde se favorecen a los sectores poderosos del campo, de la mega minería y del petróleo. Y también ahí está el Estado, porque ¿quién definió que se liberen las retenciones? Macri, que es el presidente de la Nación, que es parte de uno de los poderes del Estado, vaya si no lo es.

¿Qué hicieron los legisladores? Les votaron todas las reformas. Las que no hizo por decreto, las hizo a través de la connivencia de los legisladores nacionales, provinciales y municipales también. Hay que tener en cuenta eso. Hoy estamos en una etapa donde se avanza sobre la deuda pública. Todos hablan de deuda para poder invertir. Y no están buscando en realidad la pata real y central, que es de dónde sale la riqueza. Claro, la hacen los trabajadores pero se la llevan los ricos.

El Estado interviene fuertemente, como interviene la Corte Suprema de Justicia para decir que el 2x1 es constitucional. Ahí empieza una resistencia, una lucha. Así en cada uno de los aspectos que uno puede encontrar. Ejemplos sobran. El Estado pone interventores por todos lados, en el PAMI, la ANSES. Y obviamente, el perfil de ingresos que se ha dado en el último año y medio ha sido en función de los intereses de los CEOS y no de los intereses de los trabajadores.
En el mismo Estado se están generando dos estructuras muy peligrosas. En el sentido del abandono sobre las políticas públicas de los trabajadores. Y quienes tienen el perfil empresario, en un lugar hipertrofiado del Estado que se llena de funcionarios con cargos con altísimo salario, llevando adelante políticas que nos preocupan, que son parte del ajuste.

—Uno reconoce que el Estado y el gobierno son dos cosas distintas. Ahora, el gobierno es el que define las políticas de Estado. En este cambio de gobierno del kirchnerismo al macrismo, ¿se modificó la relación con el Estado?

—Nos dejaron 90 mil trabajadores en estado de precariedad. Nos dejaron un Estado donde las fuerzas de seguridad son el 50% y los trabajadores civiles son otro 50%; de los cuales el 50% está precarizado con $9000 de bolsillo. Ese es el Estado que nos dejaron en la década ganada, en términos reales de contratación. Si hablamos de convenios colectivos de trabajo, no tiene funcionamiento permanente. Nos dejaron un Estado que después le permitió a este gobierno, en vez de resolver esas cuestiones, profundizar el ajuste y echar a la calle 75 mil trabajadores estatales. Es una lógica que nos preocupa mucho; si uno ve el horizonte tanto gobernadores de un partido o de otro, llevan adelante políticas de ajuste todos por igual.

El sindicalismo en la Argentina

La complejidad del sindicalismo argentino desde la mirada de uno de los máximos referentes de los trabajadores estatales de Rosario.

—¿Qué sindicalismo necesita la Argentina y cuál es el camino para llegar hasta ahí?

—Necesitamos construir fuerza organizada que tenga una agenda, un programa, una propuesta para la sociedad. Desde el movimiento obrero es indispensable, tanto de los sectores privados como de los públicos. La unidad cuesta mucho, es difícil.

—¿Por qué?

— Por el mapa sindical hoy en Argentina. El 1° de Mayo hubo miles de actos en todo el mundo. En el país se juntaron los trabajadores, se movilizaron en la calle. Todo eso está bárbaro y habla de un estado de lucha de un día donde se conmemora algo tan vigente como en 1886, las “tres 8”: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de esparcimiento. La posibilidad de poder estudiar, prepararse.
¿Qué hicieron en aquel entonces? Reprimieron, reprimieron y reprimieron. Siempre en algún lugar del mundo aparece este fenómeno. Éste hecho político para defender otros intereses ajenos a lo propuesto. Este gobierno ha dicho diálogo y no formalizó el diálogo, lo vació. Hay diálogo si quieren ellos, sino no. Me parece que hay un desafío enorme, una responsabilidad.

—Hubo mucha gente en la calle, pero muchos actos…

—Sí, ojalá algún día podamos hacer uno solo y estar en la calle. La historia del movimiento obrero en Argentina demuestra que es complejo, pero hay experiencias para destacar: la CGT de los argentinos; la unidad del movimiento obrero del ’45 al ’55; las luchas previas de las organizaciones anarquistas, independientes y socialistas. Creo que es seguir luchando por los cambios políticos y necesarios, para que haya pleno empleo y pleno derecho; una Argentina libre, emancipada, liberada.

Pero no podemos dejar de lado que Argentina no se salva sola, me parece que esto es una lucha continental, de la región. Está pasando lo mismo en Uruguay, en Brasil, en Chile, con diferentes características. Allá hay AFJP, que acá ya la recuperamos, no del todo. Están volviendo a intentar hacer eso, pero hay un movimiento político y toda una lucha ideológica y cultural, para recuperar el Estado de seguridad social.

Hay que luchar mucho, pensar mucho, interactuar mucho. Y me parece que los sindicatos cumplen un papel fundamental porque tienen recursos, organización, base y experiencia de lucha que pueden demostrarle a la sociedad. Que son creíbles, son viables y no como se los quiere hacer ver, como el culpable de todos los males. No somos eso. No somos el Momo Venegas. Somos todo lo contrario. Todo ese debate está a flor de piel, en el día a día y va a continuar por bastante tiempo.

La entrevista completa en La Brújula de la Semana.