Miércoles, 26 Abril 2017 17:40

Los datos detrás de los datos

Escrito por  Germán Mangione

*Editorial del programa La Brújula de la Semana 22/04/2017

El gobierno empieza cada vez más a agazaparse en el relato. Uno nuevo, distinto, propio, pero relato al fin. Esta situación, que ni el militante más obstinado se empeña en ocultar, tiene una contracara: los datos negativos de la economía.
Mucho hablamos ya del relato y sus funciones sociales y políticas. Con la administración anterior y ahora con esta. Sin embargo, el fenómeno nuevo parece ser que los datos positivos mínimamente necesarios para sostener el relato (aunque sea inverosímil) no aparecen. Esta semana al gobierno no lo ayudan ni los datos propios.

Seguramente algunos se aferran a la idea de que ahora “por lo menos” hay datos. Pero esa sinceridad no parece alcanzar cuando la mayoría de las cuentas, de esas que se construyen en silencio en el bolsillo de las mayorías, están en rojo.

Esta semana, por ejemplo, el Observatorio de Datos Económicos y Sociales de la CGT anunció que una familia necesita $ 472 por día para no caer en la pobreza. Una cifra que se desprende de analizar los datos de la inflación, que para la entidad en marzo fue de 2,48% y que en los últimos 12 meses acumula 35,66%.

Según los cálculos de la central obrera, una familia compuesta por dos adultos y dos niños necesita $ 14.686,13 por mes para no ser pobre y cubrir la Canasta Básica Total; y $ 6.389,57 para llenar la Canasta Básica Alimentaria y no caer en la indigencia. Por día, se requieren $472,55 y $210,07, respectivamente.

Datos que cobran relevancia en medio de la disputa salarial y de la gran cantidad de negociaciones paritarias que se mantienen abiertas; y en las que el mismo Estado como patrón intenta imponer topes de entre el 17 y el 19%, como se planificó en el Presupuesto de este año.

A esta altura de las cuentas, quizás con total validez, algún lector cuestione la fuente de la información y aprovechando los aires a grieta explique que esos datos los da “la oposición”.

Sin embargo, cuando uno revisa los números y datos “amigos” o los oficiales, la cosa no parece demasiado distinta.
Entre los datos amigos, esta semana se conocieron las estimaciones del Fondo Monetario Internacional para la Argentina. El organismo, que por otro lado ratificó el apoyo al rumbo de las medidas tomadas por el gobierno actual, fue más cauto que los funcionarios de Macri en las estimaciones.

Según la entidad crediticia internacional, se proyecta una inflación del 21,6%, por encima de la meta del 12-17% del Banco Central; y un crecimiento del 2,2%, inferior a la del Presupuesto 2017 fijado en 3,5%.
Los datos amigos no resultaron amigables pero el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, afirmó que el FMI estaba equivocado y mantuvo la proyección de que la economía argentina crecerá más del 3% y la inflación cerrará este año por debajo del 20%, según sus cálculos.

Mención aparte el capítulo increíble que nos regala la política argentina esta semana, con ex funcionarios y militantes kirchneristas citando al FMI y funcionarios macristas desacreditándolo. Sí, es Argentina, puede pasar.
Otra entidad que en algún momento se presentó como amiga es la que reúne a los industriales de la Argentina, la UIA. Esta semana emitió un informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, donde señala que la producción industrial en febrero registró una caída del 9% interanual y acumuló en el primer bimestre una contracción del 5%.

El informe da cuenta de que la producción acumulada de la mayoría de los bloques industriales cerró el primer bimestre con una caída, y los más afectados fueron los de fabricación de papel y cartón (-10,3%), metales básicos (-10,1%), edición e impresión (-7,8%), metalurgia (-5%), minerales no metálicos (-4%), y automotriz (-2,2%).

Pero no solo en la industria los números quitaron los ánimos de festejo, sino que en cuanto al comercio exterior las exportaciones cayeron 6,2% interanual y alcanzaron los 3.888 millones de dólares; a raíz de una retracción que obedeció principalmente a las menores cantidades exportadas (-11,7%), que fue parcialmente compensada por la suba de precios (6,3%).

Además de las complicaciones de una economía golpeada, el mundo va cerrando sus puertas. Muestra de eso es la desesperación en la que entraron los productores de biodiesel, que se habían esperanzado con el levantamiento de las trabas para vender en Europa y se encontraron esta semana con las amenazas de EEUU, uno de nuestros principales compradores, de restringir los ingresos de biodiesel argentino.
Pero no termina ahí. Así como los datos de organismos “amigos” no fueron favorables, los de los organismos oficiales tampoco ayudaron mucho al relato de la revolución de la alegría.

Al dato del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) que precisaba que la suba del 2,4% de marzo se sumaba al incremento del 2,5% de febrero y del 1,3 % de enero pasado (con lo que el acumulado de los tres primeros meses se ubicó por encima de 6%), incluso sobrepasando estimaciones privadas, esta semana se sumó el dato del empleo. Y tampoco es para festejar.
Indec reconoció, en su publicación de esta semana, que en 2016 se perdieron 68.314 puestos de trabajo registrados y 4.462 empresas cerraron sus persianas en todo el país. Los sectores que presentaron mayor caída respecto al mismo trimestre del año anterior fueron construcción (8%), explotación de minas y canteras (6,9%) e industria manufacturera (-3,7%).

Los datos detrás de los datos

Y finalmente esta semana también se dieron a conocer algunos datos detrás de esos datos. Porque las cifran no son, al fin y al cabo, más que resultados de decisiones en políticas económicas.
Por ejemplo, la Secretaría de Comercio Interior dio a conocer los pésimos resultados del Plan Precios Transparentes, que eliminó el sistema de cuotas sin interés para las tarjetas de crédito. El consumo se desplomó un 30% en el uso de tarjetas de créditos, pero además nada parece detener la suba de precios. Desde que se implementó el plan, los productos de electrónica aumentaron hasta un 30%.
Otra medida que provoca los números en rojo que mencionábamos más arriba, tiene que ver con la apertura indiscriminada de importaciones.

Esta semana la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) informó que la importación de prendas de vestir rozó en marzo los 70 millones de dólares, el doble que en igual mes de 2016; mientras que en términos de volumen se registró un aumento del 135%, hasta casi 3,2 millones de kilos, en el mismo lapso. El informe de la asociación empresarial muestra un incremento de las compras de vestimenta a China, principal proveedor al mercado argentino. China concentra ya dos tercios del monto total de indumentaria comprada en el exterior, y por primera vez sumó el 80% de los kilos importados.

Otro dato negativo que surgió esta semana y se desprendió de la decisión de abrir las importaciones, tiene que ver con los artefactos del hogar. La oferta de productos electrodomésticos de origen nacional retrocedió casi un 30%, en favor de la importación, según un informe elaborado por la consultora Ecolatina y la especializada en investigación de mercados Key Market.

Así, a pesar de que el mercado interno se redujo en 2016, las importaciones ganaron espacio y concentraron más cuota de mercado. En línea blanca, fabricada principalmente en nuestra región, la pérdida de la participación de la producción doméstica fue de 3,1 puntos porcentuales del mercado; mientras que en pequeños electrodomésticos fue de 2,9 puntos porcentuales y en la línea de gas sólo de 0,6 puntos porcentuales.

Aquí, por ejemplo, es fácil rastrear los datos detrás de los datos. Muchas de las empresas que figuran dando en rojo al saldo del informe del Indec sobre cierres, seguramente fueron afectadas por estas medidas.
Otro dato, detrás de los cierres, seguramente tenga que ver con los aumentos de energía.

En nuestra provincia la tarifa de la EPE tuvo tres incrementos este año que, acumulados, superan el 50%. Según el vocero de la EPE, Hugo Ceré, la quita de subsidios que Nación inició en febrero de 2016 implicó que el valor de la energía eléctrica que compran las distribuidoras se incremente un 1.939%, en 14 meses.

Delante de los datos, siguen los relatos

La gran cantidad de datos negativos conocidos esta semana en torno a la economía no parecen amilanar a los funcionarios de Mauricio Macri, que parecen encolumnados en aferrarse al nuevo relato de la esperanza como única salida.
Así Luis Caputo, ministro de Finanzas, ofreció un mensaje optimista esta semana en Nueva York.  Según el funcionario las cifras no importan, lo que importa es la sensación de la gente. "La gente percibe claramente que la inflación baja. Si el número final es 17, 18, no creo que la gente vaya a cambiar su decisión por eso. Lo más importante es que la gente percibe que el país crece, que estamos generando crecimiento, empleo, y eso es lo que la gente siente más", afirmó. "Eso va a ser más importante que el número final de la inflación", consideró.

Sin embargo, por los arrabales argentinos, donde la macroeconomía se ve de lejos, incluso aquellos que se esperanzaron con un “cambio”, parecen tener una visión distinta.

La fundadora del comedor comunitario Los Piletones, Margarita Barrientos, quien apoyó a la actual gestión en la campaña electoral, consideró en declaraciones a medios nacionales que la situación social "está difícil, eso se ve en todos lados"; al tiempo que advirtió que la cantidad de personas que va a comer a su fundación "no ha bajado, al contrario, hay días que aumenta".

"En la gente que está con Mauricio (Macri), como yo, hay esperanzas, pero las cosas no están saliendo como uno piensa", explicó la militante barrial que banca un comedor en Villa Soldati.
Al fin y al cabo, detrás de los relatos, están los datos, pero detrás de los datos sigue estando la irrefutable realidad.