Viernes, 21 Abril 2017 22:05

Teres: El modelo sindical argentino está en crisis hace mucho tiempo

Escrito por  Javier Galarza

El secretario General de Amsafe fue crítico con el modelo sindical argentino. Realizó un diagnóstico del sector y reconoció los desafíos de esta era: “Hay que volver a concientizar a los trabajadores, el movimiento obrero debe cambiar permanentemente para refundarse”, sostuvo. También insistió en la necesidad de crear más sindicatos y sumar a los sectores vulnerados. “El 40 ó 50% de los jóvenes están en negro, ese es el sujeto a organizar”, asentó.

Gustavo Teres es secretario General de Amsafe (Asociación de Magisterio de Santa Fe) y de la CTA Autónoma (Central de Trabajadores de la Argentina) de Rosario. Tiene 57 años y hace más de 35 que se desenvuelve en el ámbito de la educación, tanto como docente (su primer título fue de profesor de Educación Física) como dirigente (fundó la CTA y fue secretario General de Amsafe entre 2004 y 2010, y de 2013 a la actualidad). Hoy en día también es director de la Escuela Normal Nº3.  En un contexto donde la educación está en el centro del debate y la actividad sindical es cuestionada por quienes intentan deslegitimar las luchas de los trabajadores, su palabra era necesaria. En una charla con La Brújula de la Semana, el dirigente contó los pormenores del sindicalismo, reflexionó acerca del movimiento obrero y de la docencia.

¿Cómo empieza la participación en el ámbito sindical?

Tiene que ver con lo que representaba un partido de izquierda en la historia de nuestro país. Algo que se ha perdido en esta etapa, es ese hilo rojo en que las generaciones anteriores le pasaban la posta a las nuevas generaciones. Lo primero que estaba planteado en cualquier organización política de izquierda o vinculada al movimiento obrero, era que cada vez que conseguías un trabajo te afiliabas al sindicato.

¿Por qué te parece que se perdió ese hilo?

Porque hubo un debilitamiento muy fuerte de las organizaciones de izquierda como organizaciones de masas, fundamentalmente en la implantación en el movimiento obrero. Esto significa que tienen estructuras menos arraigadas. Recuerdo cuando era secretario de la Juventud Comunista de la zona centro, tuvimos 20 delegados bancarios, 40 delegados docentes, había delegados en Telecom (que en ese momento era Entel), había delegados en la sanidad, teníamos delegados en los sindicatos portuarios... Todos jóvenes.

Pero ¿dónde rastreás ese corte? ¿Hay un momento puntual?

Creo que fue a partir de la caída del Muro de Berlín. No solo cayó para aquellos que abrevaban en el estalinismo y los que pensaban que la Unión Soviética era la madre patria, sino que se nos cayó a todos. Esto obligó a revisar las prácticas porque cambió un paradigma. La crisis del modelo fordista, la crisis de la forma de organización capitalista, hacen que sea un paradigma diferente. Hoy hay que pensar en un sujeto que es distinto, que no deja de ser trabajador, que no deja de ser proletario y que no deja de ser precario, como característica principal de la época.

Sin embargo, cada vez hay menos trabajadores juntos en grandes concentraciones obreras. Antes tenías 10.000 trabajadores en el Swift, hoy 1.500 personas producen 10 veces más. Antes había 6.000 trabajadores en Acindar, hoy puede haber 2.000 que producen 10 veces más. Se podría pensar que la figura de la fábrica y de los espacios de producción se debilitan; no quiere decir que desaparezca la clase obrera, pero sí hay una metamorfosis. Inclusive hoy existe la empresa, que es un conglomerado de espacios intercomunicados pero que no tienen un mismo lugar. Hay que volver a unir eso a través de la conciencia, de las redes, etc. La estrategia del movimiento obrero debe cambiar para permanentemente refundarse. Ese es el desafío de esta etapa.

¿Cómo se trabaja esto de hacer conciencia en el ámbito de la docencia?

La docencia es una profesión que crece a partir de la necesidad de tener mayores niveles de alfabetización académica. Su característica es requerir un nivel de calificación importante y cada vez más alto; es una profesión mayoritariamente feminizada, con conquistas de espacios en la política de género. Es  una profesión que discute permanentemente, porque sos un transmisor de cultura, de conocimiento, de habilidades y de valores: por lo cual se instala un fuerte debate ideológico.

¿La docencia es un trabajo político?

Paulo Freyre hablaba de la naturaleza política de la educación. Hay preguntas muy elementales: ¿A favor de quién enseño? ¿En contra de quién? ¿A favor de quién aprende un alumno? ¿En contra de quién? ¿Por qué selecciono este contenido y por qué no otros? No necesariamente debe estar sobreideologizada, no soy partidario de eso ni del dogma. Sí creo fuertemente en un trabajador de la educación que sea transmisor de la cultura, que sea promotor de lo laico: la educación en las escuelas, la religión en las iglesias. Y por supuesto debe tener una mirada que tienda a apropiarse del conocimiento científico.

Pero todos los avances de la ciencia deben llegar adaptados, para que los niños en sus diversos niveles puedan apropiarse de lo que se está produciendo en la humanidad y tener la mayor cantidad de herramientas para formarse. Ese también es un problema: hay tanta cantidad de conocimiento acumulado en el mundo, que el desafío es crear condiciones que les permitan a los alumnos saber dónde y cómo buscar ese tipo de conocimiento, qué criterios tener y cómo apropiarse críticamente.

¿Qué diagnóstico hacés del movimiento sindical argentino?

Hay que hacer una profunda reflexión sobre el movimiento sindical; porque si no la hacemos nosotros, la va a hacer el poder y eso es lo peor que nos puede pasar. El poder tiene una clara estrategia que es aprovecharse del sindicalismo corrupto, para desprestigiar a las organizaciones sindicales y deslegitimar a las luchas obreras. Pero a esos sindicalistas que los van a apretar, no los van a ahorcar: los van a tener ahí porque son el  reaseguro de que el poder siga funcionando, porque ya están pensando en los nuevos pactos. Ellos tienen que resolver la conversión capitalista de esta etapa y necesitan sindicalistas dóciles, que sepan aceptar los cambios que la patronal necesita para aumentar la productividad, maximizar sus ganancias a costa de la salud de los trabajadores y de las condiciones laborales.  
Todo lo hacen en nombre de la competitividad y de esa frase mágica que hoy da vueltas en todos los lugares, que es “insertarnos en el mundo”. En realidad, te meten en el mundo de la barbarie, no en el mundo de los derechos sociales.

Por eso lo que necesitan después de la derrota de los trabajadores, por haber tenido un sindicalista corrupto, es rever el convenio colectivo. Eso también tiene un formato y va a tener un correlato en la educación. Por eso hablan del ausentismo, no hablan de la salud de los docentes. Hay que ser muy precisos en el uso de las palabras y saber qué nos están queriendo decir. El modelo sindical argentino está en crisis hace mucho tiempo.

¿Qué análisis hacés del primer paro general durante la gestión de Mauricio Macri?

Creo que hay un primer objetivo cumplido, que fue hacer un paro contundente. Un paro que tuvo que afrontar la carga de que muchos de los que lo convocaron son impresentables. Y en general fueron experiencias movilizadoras, lo cual muestra la vitalidad de un sindicalismo que tiende a organizarse y a dar respuestas desde abajo.

Va a haber muchas luchas y discusiones acerca de la unidad, acerca de cuál es el mejor camino. Lo que está claro es que necesitamos pensar un programa, porque la reflexión que hacen los periodistas para deslegitimar el paro es que al día siguiente todo sigue igual, cosa que es verdad. Pasa que las huelgas generales son políticas, exigiendo el cambio del rumbo económico, no resuelven un aumento de salario.

Es necesario un programa con puntos mínimos, que pueda crear un canal de movilización para todas las vertientes sindicales. En segundo lugar, que sea capaz de construir las alianzas necesarias con el movimiento popular para entender que hay un enemigo que viene no contra la burocracia, sino contra los derechos de los trabajadores. Hoy hay un profundo odio de clase, hay una grieta falsa entre kirchneristas y macristas. Ese no es el juego que tenemos que jugar. Acá hay una grieta que se está construyendo entre los grupos de poder, aquellos que tienen un profundo sentir antipopular y odio de clase, y los trabajadores y los sectores populares.

Hay que pensar en un plan de lucha que no sea hacer paro todos los meses, pero sí diseñar iniciativas regionales, realizar acampes, abrir carpas, asambleas, etc. Hay una batalla cultural muy grande, porque antes la derecha daba batalla golpeando la puerta de los cuarteles y hoy tiene una estrategia mediática. Por eso hay que charlar mucho con los vecinos y convencer a los sectores populares de que vale la pena  resistir  estas políticas económicas, que nos llevan a una fractura social y a un empobrecimiento de los más postergados.

En esa batalla cultural: ¿Qué rol tiene el sindicalismo?

Un rol muy importante: primero, el de reflexionar críticamente. Si el sindicalismo no discute una autorreforma, sigue estando en problemas. Hay que ver la historia de nuestro país desde las primeras organizaciones obreras. En Argentina no se puede prescindir del movimiento obrero como sujeto vertebrador para pensar cualquier alternativa popular: es el sujeto que debe construir las alianzas. Para eso son necesarios mayores niveles de independencia y autonomía, aún de tu propio partido. Jugar en política para el sindicalismo implica dejar de correr atrás de una candidatura y pensar una estrategia a largo plazo.

Hay niveles altos de sindicalización en Argentina, pero no es suficiente y está comprobado: donde hay sindicatos, los derechos laborales son superiores que donde no los hay. Por eso hacen falta más sindicatos en los lugares de trabajo, en las pymes, en el empleo público y ni hablar en el nuevo precarizado: el 40 ó 50% de los jóvenes están en negro y no están sindicalizados; ese es el sujeto a organizar. Si eso no sucede, las posibilidades de éxito por parte del mundo de los trabajadores son muy bajas.

Escuchá y mirá la entrevista completa en La Brújula de la Semana.