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Puerto Gaboto: entre ser y no ser

Una mirada popular y soberana sobre la producción y el campo argentino. Un abordaje de las problemáticas agrarias desde la perspectiva de los intereses de los pequeños y medianos productores, los trabajadores rurales, los pueblos originarios y los pueblos del interior. 

Con nuevo formato digital y la data de siempre

 

Puerto Gaboto: entre ser y no ser

Escrito por  Marcia Carrara

Sólo siete kilómetros me separaban de mi nueva aventura. Siete kilómetros contados desde el pueblo de Maciel, en el departamento de San Jerónimo (Santa Fe), el lugar elegido para transitar mi estadía de fin de semana e interiorizarme en los pormenores de Puerto Gaboto, un poblado con más historia que gente en sus calles.

 

 

Desde la Ruta Nº 95 podían divisarse ya los primeros carteles de “Hay carnada” o “Se cruza gente en lancha”, lo cual me permitió descifrar de inmediato la idiosincrasia del lugar, caracterizado por su andar pausado, el saludo amable de la gente que, aún sin conocerme, me levantaba la mano, y las puertas abiertas de las casas. Ese paisaje, sumado a la presencia de gallinas sueltas por doquier, fue una constante durante el recorrido.

   “El comedor ‘Pinocho’ es uno de los más tradicionales, que se encuentra frente a la posada de ‘Tito Lucas’”

El poblado parecía dividirse en dos. Las calles céntricas y asfaltadas perdían el pavimento, hundiéndose en el ripio bordeando el río, y las prolijas construcciones que rodeaban la plaza principal se entremezclaban con las humildes casas de las zonas más alejadas, donde el mate acompañaba la merienda en una jornada que se prestaba para relajarse en familia bajo un frondoso árbol.

Puerto Gaboto obliga a retrotraernos en el tiempo, ya que fue el sitio elegido por Sebastián Gaboto para instalar el primer asentamiento europeo en tierras del Río de la Plata, allá por el siglo XVI. El fuerte de “Sancti Spíritu”, pilar fundamental de la historia nacional, está hoy en estado de abandono. Los yuyos y los palos desvencijados ganan terreno en el sitio que tuvo como epicentro el origen de la patria. En los mástiles ya no flamean las banderas, y sólo unas placas, como recordatorio, sirven para comprender la importancia de un lugar con cuatro siglos de existencia.

 “Desde la Ruta Nº 95 podían divisarse ya los primeros carteles de ‘Hay carnada’ o ‘Se cruza gente en lancha’”

Un poco contrariada por lo visto, pero con el mismo espíritu con que había llegado, seguí camino hacia el Río Coronda, uno de los grandes motores de subsistencia de los habitantes de Puerto Gaboto, y punto reconocido para la pesca de dorado, pacú y surubí. La panorámica mostraba a unas cuantas lanchas varadas en la orilla y a un matrimonio despuntando el vicio de la pesca en esas aguas turbias que dejaban estelas de basura. Después de un cuarto de hora de espera, pude divisar las primeras lanchas con hombres de piel curtida que, seguramente, estaban buscando su sustento diario.

De nuevo en el centro, decidí volver a la plaza principal para apreciar su hermosa y prolija arboleda, pero también para tener una visual privilegiada. En una de las esquinas se encontraba el club, el cual lleva el nombre de Sebastián Gaboto. Punto de reunión de la juventud con la cumbia como estandarte. En el otro extremo, el folclore ganaba la pulseada. Es que allí se sitúa, nada más ni nada menos, que la casa de Rufino Conde, uno de los personajes más característicos del lugar, que ha hecho de sus peñas un auténtico estilo de vida.

Y como si el tiempo se hubiera detenido en las primeras décadas del siglo XX, sobre el final de mi trayecto alcancé a divisar de lejos a una señora mayor que iba con el típico bolso de compras al almacén del pueblo, y a un abuelo despreocupado, de pies descalzos, que se había entregado a la escucha radiofónica usando dos sillas como sillón, rodeado de animales de granja. Los dos me saludaron tan cálidamente que sentí conocerlos de toda la vida.

 “Puerto Gaboto fue el sitio elegido por Sebastián Gaboto para instalar el primer asentamiento europeo en tierras del Río de la Plata, allá por el siglo XVI”

Puerto Gaboto, que vive y sobrevive gracias a la actividad pesquera, cuenta también con sitios que son referentes en cuanto a lo gastronómico. El comedor “Pinocho” es uno de los más tradicionales, que se encuentra frente a la posada de “Tito Lucas”. Es la cantina preferida de todos aquellos que salen del bullicio dispuestos a disfrutar del silencio y la comida en un lugar que no conoce de alarmas ni relojes. Quienes tienen una mayor afinidad con el folclore y el estilo campero, eligen la peña de Rufino Conde, con piso de tierra y pocos lujos, pero con abundantes manjares.

Las callecitas de tierra sin cordón cuneta, la amabilidad de la gente, las casas precarias fusionadas con hermosas residencias de fin de semana, el bodegón infaltable, las gallinas en el medio de la calle, las puertas abiertas de las casas y el río como fondo son el retrato de un poblado al que pareciera no quedarle otra cosa que recuerdos de un pasado cargado de historia y esperanzas de un mejor futuro. Es que el tiempo lo ha detenido como una postal en blanco y negro.

  “El Río Coronda, uno de los grandes motores de subsistencia de los habitantes de Puerto Gaboto, y punto reconocido para la pesca de dorado, pacú y surubí”

Ediciones de SURsuelo