Sábado, 12 Agosto 2017 22:02

Las elecciones y los dueños de la pelota

Escrito por  Germán Mangione

Editorial del programa La Brújula de la Semana del 12/08/2017

¿Que elegimos cuando votamos? ¿Se puede hablar de las elecciones sin hablar de candidatos? Si uno puede pensar las elecciones un poquito más allá de los candidatos, se empieza a encontrar con la verdadera esencia de lo que se elige el domingo en las escuelas de todo el país. O por lo menos de lo que se empieza a elegir, y se termina eligiendo en octubre.

Estamos en veda. Entonces me puse a pensar… ¿Se puede hablar de las elecciones sin hablar de candidatos? Sí, ya sé que en las elecciones se eligen candidatos. Y más ahora que lo que importa es la persona, la figura, según explican los especialistas del márquetin político, esos que hoy florecen como lo hacían las canchas de paddle en los ‘90 o los cyber en el 2000. La pregunta es retórica porque ya tengo la respuesta. Claro que se puede, pero además de que se puede es necesario.

Porque no estamos eligiendo solo cargos tampoco. Ese es un problema menor, qué cargo se disputa el 13 y después en octubre. Incluso creo que lo que se discute en las elecciones ni tiene que ver con partidos políticos.

Si analizamos algunas de las noticias de estas últimas semanas, lo que vamos a encontrar es algunas pistas para develar el gran acertijo de fondo: qué proyecto de país vamos a estar construyendo, y al servicio de quién; con esa pequeña acción individual que es poner una tilde en una boleta o llenar un sobre con otra.

Para entenderlo mejor, quizás convenga repasar lo que piensan y dicen los dueños de la pelota, los verdaderos conductores de nuestros destinos; que no suelen ser los que administran las ciudades, las provincias o el país luego de ser elegidos por el voto popular; que en este partido que hoy es Argentina vendrían a ser los jugadores que vemos en la cancha.
Estoy hablando de aquellos que por detrás de nuestros “representantes” digitan y deciden sobre lo público. Los reales dueños del juego. Los hacedores del poder real.

En nuestra provincia un claro ejemplo de eso lo encontramos en Alberto Padoan. El empresario de 73 años que luego de dirigir por 45 años a Vicentín, una de las principales empresas agro exportadorasdel país, hoy conduce la Bolsa de Comercio de Rosario y es vicepresidente de la Federación Industrial de Santa Fe. El “Beto”, como le dicen sus allegados, es uno de los empresarios más influyentes de la provincia y el país, cuyos “concejos” suelen ser escuchados y seguidos al pie de la letra tanto por el gobierno provincial como por las gestiones nacionales.

Padoan representa al sector que, por ejemplo, planificó y exigió que una de las mayores inversiones en obra pública de los últimos tiempos se concrete para mejorar los accesos a los puertos de nuestra región, por donde sale la producción agraria a través de exportadoras multinacionales como Vicentín, Cargill, Cofco, Dreyfuss, etc.  La exigencia tiene que ver con “mejorar la competitividad de las empresas”, abaratando el transporte. Algo similar exige el “Beto” con la reconstrucción del sistema ferroviario a través del Plan Belgrano, permitiendo que la soja que es cultivada a más de 400 kilómetros de los puertos mejore su rentabilidad.

Y esos planes vinculados a mejorar las ganancias de un puñado de grandes empresas, son tomados (y publicitados) como políticas públicas en beneficio de todos. Es la manera que tienen nuestros representantes de explicar, por ejemplo, que el gobierno nacional haya comprometido una inversión de 10 mil millones de pesos para la reparación de los accesos portuarios y la provincia 1000 millones; mientras se niegan partidas presupuestarias para urgencias populares.

Pero Padoan, no se queda ahí. Y estas semanas retomó dos reclamos que representan el sentir y el pedido del gran capital en todo el país. El fin de la industria del juicio, como gustan llamar al aumento de los reclamos de los trabajadores por el aumento de los accidentes de trabajo; y una reforma impositiva que les quite “presión” y, por tanto, les mejore…. Sí, la rentabilidad.

“Todas las entidades que tienen que ver con la producción estamos en contra de la industria del juicio”, aseguró el hombre de Vicentín. Y afirmó: “Le hemos pedido insistentemente al gobierno de la provincia, al Ejecutivo y a los legisladores la adhesión a la nueva Ley de ART, ¿por qué no hacerlo? Sería sacarnos competitividad a todos los sectores productivos. Yo creo que (desde el gobierno santafesino) están estudiando el tema. Córdoba con algunas salvedades la ha aprobado y en Buenos Aire tiene sanción en Cámara de Diputados. En la medida que busquemos ser competitivos a nivel nacional con el resto de las provincias, tenemos que apurarnos”.

La modificación a la que se refiere es la que el macrismo sancionó a principios de año, y que tiene como finalidad dificultar la llegada de los reclamos de los trabajadores por accidentes laborales al fuero laboral.
El mismo Mauricio Macri en campaña en Santa Fe, y en sintonía con el pedido empresario, aseguró que las provincias que adhirieron bajaron el 25% la cantidad de juicios. No habló de la cantidad de accidentes laborales, eso no parece importarles, habló de los juicios.

No parece importarles, por ejemplo, los datos que ubican al rubro agrario en el segundo lugar del ranking de siniestralidad laboral, con 75,6 trabajadores accidentados o con enfermedades profesionales por cada 100.000 empleados cubiertos en 2015. Ni parecen tener en cuenta la reciente denuncia del Ministerio de Trabajo de la Provincia, que sancionó a seis de los trece complejos portuarios que se extienden desde Timbúes a Arroyo Seco por faltas graves a la seguridad de sus laburantes; como situaciones de riesgo eléctrico, falta de elementos para el trabajo en altura, falta de protección en máquinas y equipos, entre otras.

No hablan de la cantidad de accidentes laborales, hablan de los juicios.

El presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alberto Padoan, y el presidente del Centro de Corredores de Rosario, Carlos Dallaglio, le pidieron hace unos meses al ministro de Agricultura de la Nación, Ricardo Buryaile, su apoyo político para lograr que se exima al corretaje de granos del pago del Impuesto al Cheque. Poco tiempo después, el 31 de mayo de este año, con el Decreto Nº 377 publicado en el Boletín Oficial se eximió del gravamen a las cuentas utilizadas en forma exclusiva por los corredores de cereales. Mientras tanto, desde el gobierno no se cansan de hablar del sinceramiento de las tarifas para el conjunto de la población, y de la necesidad de “hacer esfuerzos entre todos”.
Pero eso es apenas un vuelto, si lo comparamos con en el proyecto de reforma de impuestos que plantean estos sectores, los del poder real. Porque no contentos con no pagar Ingresos Brutos por exportar los 25 mil millones de dólares que cada año despachan hacia el extranjero, ahora exigen que se bajen o directamente se eliminen otros tributos.

“Las plantas de personal de las provincias siguen creciendo y creciendo y ¿cómo lo hacen? Aumentando los impuestos”, explicó indignado el mandamás de la Bolsa de Comercio. Un reclamo que el gobierno nacional tomó al pie de la letra y, aprovechando el despilfarre de la gestión anterior, va llevando hasta las últimas consecuencias reduciendo sueldos estatales y despidiendo personal. Pero ojo que no tiene que ver con un Estado más eficiente, sino con el pedido de empresarios como Padoan, que para mejorar la sacrosanta rentabilidad exigen pagar menos impuestos.

Y así podríamos seguir con la larga lista de reclamos del poder real, que se transforman rápidamente en políticas de Estado. La anunciada reforma laboral a semejanza de Brasil, la mejora del tipo de cambio con el aumento del dólar y una larga lista de etcéteras.

Pero esta forma de poner el Estado al servicio de los intereses de unos pocos no es exclusiva de un partido, ni de un solo color político. Así sucedió con el kirchnerismo que, más allá de la puesta en escena, siguió al pie de la letra los designios de estos sectores concentrados; y que festejó esta manera de entender la política del poder real, sin cuestionar un ápice del modelo que estos sectores desarrollan en Argentina y que creció de manera formidable en los últimos 15 años.

Si hasta llegaron a declarar, a pedido del representante de los Vicentín, a su pueblo natal Avellaneda como la capital del biodiesel. Así lo atestiguan los festejos de los que el mismo Julio De Vido participó jolgorioso en 2007 en el norte provincial, y que en realidad sellaban una alianza para que el estado pusiera a funcionar una rama industrial que permitió a la agroindustria resolver qué hacer con parte de su producción, obteniendo precios diferenciales que solo el Estado podía solventar.

Tampoco parece ser un gran punto de discusión para el gobierno provincial que, además de las inversiones solicitadas por estos grupos en torno a la infraestructura, escucha atento los pedidos del “Beto”. Como en el caso de la modificación de la Ley de ART que esta misma semana el ministro de Producción, Luis Contigiani, ahora en campaña, aseguró estar “estudiando la mejor manera de aprobarlo”.

A esta altura, con toda justeza, ustedes me podrán decir que poco cambia entonces a quién votemos, o que ese poder real no se cambia solo votando. Y en ambas debería ser sincero y decirles que tienen razón, pero a medias.
Lo que está en juego claramente es, como decíamos al comienzo, qué tipo de proyecto de país estamos construyendo; y aunque a los dueños de la pelota les importa poco lo que decidamos, no es lo mismo que tengan que avanzar en contra de la decisión manifiesta de las mayorías. Están esperando un aval institucional que los ampare. Por lo menos por ahora.
Por lo tanto decir cómo queremos vivir y quiénes representan esa manera que tenemos de intentar ser felices, no es una cuestión menor. Si seguimos votando como siempre, seguramente interpretarán que es así, como hasta ahora, como queremos vivir.

Por otro lado, que no se cambia solo votando, estamos de acuerdo. Nuestra historia nos ha enseñado que además de votar a quienes representen nuestras ideas, es fundamental ser parte de la historia. Y la historia suele escribirse principalmente en las calles, le guste a quien le guste, para bien o para mal. Pero tener allí adentro, en los lugares que se discuten nuestros destinos (por lo menos formalmente), voces disonantes que no se subordinen a los dueños de la pelota, que no entreguen el partido, que jueguen siempre como si fuese una final y que si es necesario pateen de vez en cuando la pelota fuera de la cancha…Seguro que ayuda.