Lunes, 17 Abril 2017 14:35

Macri entre las encuestas y la realidad

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*Editorial del programa La Brújula de la Semana 15/04/2017

La semana pasada charlábamos en esta columna acerca de la peligrosa apuesta del gobierno: Ante la falta de logros económicos visibles, apuntar a profundizar la grieta, la polarización. Una estrategia basada en las encuestas, pero que subestima la realidad de miles de argentinos. La gran pregunta que hoy recorre los despachos de propios y extraños, que satura los laboratorios de marketing político y que seguramente persigue a quienes gobiernan el país hasta sus aposentos es: ¿Hasta dónde aguanta una política apuntalada en el relato, en la bronca al kirchnerismo?

Esta es una estrategia basada en pensar que las condiciones reales de vida no van a pesar más que las ideas. Una estrategia que, por otro lado, con un discurso contrario ya le falló al kirchnerismo, que apoyado en la confianza de que la batalla cultural alcanzaba se estrelló con las urnas.

 

El gobierno de Mauricio Macri parece tener un coro de consultores que lo alientan a seguir ese camino. Esta semana se daban a conocer los números de encuestas que aseguran que crece la imagen negativa del presidente, pero que cuando se contrapone con otros candidatos como puede ser CFK, su imagen y la de Vidal crecen. La pregunta sigue siendo si con eso alcanza.
Y la enfermedad de la “encuestitis” no es solo electoral o, mejor dicho, no es solo vinculada a los candidatos, sino que en un año electoral todo es medido desde ahí.

Ante cada hecho el macrismo mira las encuestas. Así como en enero se comenzó a trabajar en la baja de la imputabilidad y en una nueva ley migratoria que restringiera el ingreso de extranjeros con antecedentes delictivos (luego del asesinato de un joven) hasta el femicidio de Micaela García en Gualeguay, fue medido en esa lógica.
Montado sobre la bronca y la indignación que generó no solo el asesinato de la joven militante, sino el hecho de que su asesino haya gozado de beneficios para lograr su excarcelación previa, el macrismo volvió a la carga con la intención de apurar un endurecimiento de las penas para delitos graves.

Estas propuestas que tienen media sanción en Diputados, estaban paradas en Senadores. Pero no obedecen más que a esas lógicas oportunistas electorales y desconocen gran parte de los reclamos de las políticas de fondo. Por ejemplo, la vinculada a la necesidad de declarar la Emergencia Nacional en Violencia de Género para enfrentar el crecimiento de los femicidios; que en los últimos nueve años se llevaron la vida de 329 adolescentes, de entre 16 y 21 años, según el relevamiento de la Asociación Civil La Casa del Encuentro.

Otro síntoma de la “encuestitis” es la agitación antipiquetes promovida por el macrismo; que más allá de atacar una preocupación del gobierno como es el control de la calle, está alentada por cierto consenso social que manifestarían algunos sondeos.

Sin embargo, eso puede generar consecuencias sociales impredecibles, entre las que podemos rastrear los tres atropellos producidos en menos de 20 días a manifestantes en nuestra provincia. El primero durante el paro de la CTA, que en San Lorenzo se cobró la vida de Jonathan Gardini cuando fue arrollado por un camionero en el piquete; otro durante el paro del 6 de abril, cuando un motociclista arrolló a una joven madre de 19 años y a su hijo; y la que sucedió esta semana cuando un auto se llevó puesto a varios trabajadores suspendidos de General Motors, e incluso a un policía, cuando protestaban por la recuperación de su fuente de trabajo.

Una medida que podría darle la adhesión de una población cansada del conflicto, alienta probabilidades de más conflicto. ¿En qué puede terminar? Nadie lo sabe con certeza, están jugando con fuego.

El endurecimiento del conflicto docente y la posición inflexible del macrismo, es otra muestra cabal de la falta de pulso real. El gobierno intenta explotar la necesidad de padres y docentes. En Buenos Aires, donde se libra lo principal de la batalla, fue haciendo que muchos docentes por miedo a los descuentos fueran desistiendo de la huelga. Esta semana se apresta a cerrar una paritaria por encima del ofrecimiento inicial, pero menor a las necesidades reales de los trabajadores de la educación. La victoria económica que puede aparecer en principio, no cuenta con la derrota política que significó un gobierno que llegó con la promesa de mejorar la educación y terminó reprimiendo a los docentes en el Congreso.

La marcha del 1A y algunas encuestas a favor de terminar con los paros envalentonaron al gobierno, pero el odio de los docentes y la muestra de insensibilidad que dejó entrever pueden costarle caro. La mayoría de los docentes que vuelven a trabajar no están en contra de los paros, sino que necesitan cobrar. Y los padres tampoco, quieren a sus chicos en las escuelas pero entienden que el reclamo docente es justo. ¿Hasta dónde tirarán de la cuerda sin que se corte?

Y el cuarto síntoma, y quizás el más preocupante, tiene que ver con la contraposición entre la política y la economía real.
Como decíamos en la columna de la semana pasada, aprovechando el odio al kirchnerismo que se mantiene latente, desde el gobierno polarizan el debate y secundarizan los problemas de la economía real.

Esta semana, por ejemplo, el INDEC dio a conocer la inflación de marzo que trepó al 2%, porcentaje que sumado a los dos primeros meses del año da un acumulado trimestral de 6,3%. En términos interanuales, llegaría a un 31,8%

La inflación es un impuesto que cobra el Estado sin pasar por el debate legislativo, y especialmente en una economía como la argentina cuyo consumo interno privado explica el 70% del Producto Interno Bruto. Este impuesto lo pagan los argentinos de ingresos fijos, laburantes, jubilados y desocupados beneficiarios de planes sociales.

La pobreza ha aumentado a niveles alarmantes, dato corroborado inclusive por el INDEC. Referentes de movimientos sociales de la ciudad aseguran que se ha duplicado la cantidad de gente que llega en busca de alimento o alguna fuente laboral en cooperativas.

Creció sideralmente la cantidad de gente que pasó a atenderse en los centros de salud públicos de la ciudad, lo que implica una pérdida cuantiosa de rosarinos que pueden acceder a una obra social.
Los comedores atienden cada vez más gente, con casi la misma asignación presupuestaria.

Pero pareciera que esto no figura en las encuestas; porque mientras crece la inflación y se deteriora el aparato productivo, el gobierno apuesta a subir las tasas de interés, lo que según los sectores industriales terminará de rematar gran parte de las posibilidades de crecimiento económico.

Los empresarios señalan que en el actual esquema macro económico quedan pocos negocios rentables, además del financiero de jugar con las Lebacs. Algunos segmentos del sector energético y no mucho más.

De Mendiguren, el diputado massista ex UIA, dijo esta semana que esto "es el trípode de la muerte para la producción". "Eso se llama bicicleta financiera. Esto significa que entran los capitales, pero acá no llovieron dólares, llovió la deuda. Y es una deuda que no viene a producir bienes".

Ante esto, la respuesta de los técnicos del gobierno no podía ser más clara que la que dio Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda: "No podemos volvernos populistas por una elección".
Ser populistas en este caso sería atender las necesidades populares o proteger el sistema productivo de la bicicleta financiera.

El macrismo está convencido de que con la política y la comunicación alcanza, por lo menos hasta octubre. Incluso parte de la prensa política también.
Sin embargo, mientras alimentan el odio al kirchnerismo, a los sindicatos, a los maestros y a los piquetes como combustible de la maquinaria electoral, se va construyendo despacio pero a paso firme, ladrillo sobre ladrillo, una pared.

El hambre, la inflación, los femicidios, el conflicto social, la violencia y la falta de trabajo son los ladrillos que no van a dejar de posarse uno sobre otros creando esa pared, solo porque algún periodista bien pago lo ignore o algún funcionario ceocrático se mofe de ello.

Y tarde o temprano, antes o después de octubre, si no cambia el rumbo, el tren amarillo de la alegría se va a estrellar contra esa pared llamada realidad, y ahí no habrá encuesta que alcance.

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