Sábado, 25 Marzo 2017 17:42

La preocupación del gobierno es la calle

Escrito por  Germán Mangione

*Editorial del programa La Brújula de la Semana 25/03/2017

La mayoría de las veces les sale, pero a veces no pueden disimular. Se les nota. Y esta semana la preocupación le brotaba por los poros. Ah, perdón, del gobierno hablo. Y de la preocupación por la gente en la calle.

Es que de pronto apareció claro. Basta abrir los principales diarios nacionales -portavoces de los intereses de los que tienen el volante del país- y los reclamos, pedidos y análisis en torno al “control de la calle”, aparecen como la preocupación evidente. Una preocupación de los que manejan el resorte de la economía del país y que, por consiguiente, se transforma en la preocupación de quienes lo administran. Los dueños, bah…

 

Si abrías el diario La Nación del domingo pasado, a primera vista, ibas a entender cuáles son las principales preocupaciones del gobierno y de los intereses que representa.

Uno pensaría que en un año electoral como este, Cambiemos estaría con la mirada puesta en ver cómo resuelve las candidaturas, mejora los niveles de conocimiento de sus ignotos candidatos o polariza con algún kirchnerista del distrito para sumar por posición. Y no digo que eso no esté pasando, pero es cada vez más claro que no está preocupado principalmente por si la oposición crece como opción en las urnas. Incluso el editorialista del diario revela que la idea de que lo central del conflicto social en curso sea culpa del "kirchnerismo", como parte de la campaña electoral, es una falacia difícil de justificar.
Su mayor "miedo" está en la calle, su mayor conflicto es la movilización.

Entonces comienzan las operetas mediáticas y, una vez más (porque no es nuevo), asistimos al cuestionamiento de los métodos. Que más allá de intentar anularlos, es una forma sencilla de no discutir las razones. Discutamos el cómo para no discutir el porqué.
Entonces sesudos editorialistas, columnistas políticos y panelistas ocasionales transformados en opinadores seriales se preguntan ¿para qué sirve el piquete?, ¿para qué sirve la movilización?

Sin muchos argumentos, se largan a comparar al país con otras naciones supuestamente más serias, hacen largos relatos históricos de balances falseados sobre lo conseguido a través de la movilización y, las más de las veces, ante la falta de argumentos sólidos afloran vacíos y perimidos conceptos como orden, seriedad y bla bla bla…

Critican el método por "antiguo", porque no entienden que nosotros aprendemos en la historia, y el piquete ya lo aprendimos. Entonces para poder negarlo, tienen que también negar la historia, simplificarla o tan sólo falsearla.

Porque la historia tiene esa cualidad: mostrar la continuidad, la gestación, el crecimiento y el nacimiento de los fenómenos sociales. Sin ese afán ocultista, no se puede entender porqué desde esos medios o corrientes de pensamiento se “olvidan” de hechos como el Cutralcazo, con el nacimiento de los fogoneros; los antepasados del movimiento piquetero que en los ‘90 enfrentaron la política del menemismo con lo que tenían a mano.

Los trabajadores desocupados del petróleo aprendieron a utilizar el piquete como método de protesta, en el momento en que habían quedado -por estar fuera de la producción- sin la posibilidad de hacer paros dentro de las fábricas. “No podemos detener la producción”, pensaron, “detengamos la distribución de las mercaderías”. Y ahí estaban, con las caras tapadas por miedo a las causas judiciales, prendiendo fuego cubiertas y todo lo que hubiese a mano.

Desde aquel mayo de 1810 donde el pueblo “quería saber de qué se trataba”, pasando por el 17 de octubre con el surgimiento a la vida política de grandes contingentes de trabajadores hasta el momento vetados de voz, pasando por las experiencias provincianas del Cordobazo, el Rosariazo o el Correntinazo. Y es que en cada momento de la historia fue el pueblo el que tomó los problemas en sus manos, el que dejó de delegar y ser relegados a decidir sólo cuando nos llaman a emitir un voto.

Ahí aprendimos que solo así, a veces, somos escuchados. Y se vinieron las puebladas como las de Tartagal y Mosconi; y la de Libertador y los Jujeñazos, que terminaron en la calle con el mandato de cuatro gobernadores, la Marcha Federal que en 1994 recorrió todo el país uniendo a los más diversos sectores políticos y sindicales contra la política del menemato; o la marcha federal estudiantil contra las políticas de De la Rúa, que culminó con 400 mil personas en Plaza de Mayo.
Y el comienzo del final del gobierno de De la Rúa, que culminó con el estallido del 19 y 20 de diciembre.

¿Y para que sirvió? Preguntan inquisitivamente los preguntones de panel. Esos que sólo pueden ver la foto, pero no ven la película completa.
No ven que la salida del gobierno de De la Rúa, que terminó con el gobierno de Eduardo Duhalde, se hizo en la calle. Tampoco alcanzan a recordar que en el gobierno de Duhalde, fueron la movilización y los cortes de calle los que lo obligaron a implementar un millón de planes sociales para paliar el hambre, que azotaba a más de la mitad de los argentinos.

Y así fuimos avanzando, a pesar de que nos quisieron hacer creer que nos devolvían la política, cuando en realidad nos la estaban sacando de las manos como durante el kirchnerismo. No abandonamos la calle porque aprendimos que esa herramienta es nuestra e irremplazable. Y así la usaron todos, y por los más diversos motivos. Las señoras paquetas de Barrio Norte ante los cortes de luz, los productores agrarios, los trabajadores, los movimientos ambientalistas. Todos, más allá de que lo acepten o no, aprendieron. Y eso no se olvida, queda como en el ADN colectivo.

¿Hubiesen existido y avanzado los juicios por delitos de lesa humanidad, si durante años las marchas del 24 de Marzo no hubiesen sido las más convocantes entre toda la movilización popular? Yo creo que no, que eso también lo ganamos en la calle; primero con las Madres y Abuelas, y con el tiempo con miles y miles de argentinos que queremos memoria, verdad y justicia.

Y más cerca en la historia, la política local también nos da ejemplos de que por más que la critiquen y la denuesten, sigue vigente.

Hace 15 días, en medio de la interpelación que la Cámara de Diputados de la Provincia le hizo al secretario de Transporte provincial, Pablo Jukic, este ex CEO de una de las principales exportadoras de la región, quizás sin saberlo nos daba la razón. “Fue por la conmoción social”, dijo en referencia a los motivos por los cuales la provincia le rescindía el contrato a la empresa Monticas, luego de que murieran 13 personas por el choque de dos unidades.

¿Qué estaba diciendo Jukic? Simplemente, lo que por más que sea evidente a veces se pierde de vista. Las grandes movilizaciones que tuvieron su epicentro en Casilda y Zavalla, son esa conmoción social de la que habla el ex CEO de Terminal 6.

¿Qué hubiese pasado si no sucedían? Quizás, hoy los colectivos de la empresa Monticas seguirían transitando las rutas provinciales, quizás los empresarios hubiesen solo incluido entre sus costos los juicios de las familias, y la cosa más o menos hubiese seguido igual. Es solo un ejemplo, pero sirve para graficar la forma en que el sistema político nos enseñó que funciona.

Durante el año y pico que llevamos de la gestión Macri, en realidad nunca estuvo más claro la importancia de manifestarse.
Así los desocupados y movimientos sociales lograron ser escuchados conquistando la Emergencia Social; así también tuvo el gobierno que volver atrás en eliminar el feriado del 24 de Marzo, porque se dio cuenta que había subestimado lo arraigada que esa movilización está en el pueblo argentino, por ejemplo.

Por acá cerquita nomás, aprendieron los familiares de Any Rivero, de Jonatan Herrera, de Paula Perassi, de Franco Casco o de Pichón Escobar a rescatar del olvido colectivo la búsqueda de justicia marchando, encontrándose en las calles además de en los juzgados y oficinas de abogados.

Dicen que el General Perón decía que “los hombres son buenos, pero son mejores cuando se los controla”. Algo así pasa con el Estado. Algunas veces el Estado funciona, pero hay que asegurarse en la calle de que eso suceda.

Finalmente cuando las muestras de la importancia de seguir movilizados son evidentes e insoslayables, los panelistas seriales apuntan a criticar a los dirigentes por responder a tal o cual partido, o defender tal o cual interés sectorial.

Lo que no llegan a entender es que cuando el pueblo camina, empuja a sus dirigentes o los pasa por arriba. Y que ve en la movilización una herramienta genuina, más allá de sus caras visibles. Y que mientras tanto, mientras se pelea por ocupar lugares en la institucionalidad de la política, de los sindicatos, de las organizaciones, hemos aprendido que es preferible hacer pan con la harina que tenemos que morirnos de hambre.

Algo cambió en estas últimas semanas. Se puede sentir casi en el aire, te diría. Con los miles de argentinos que se volcaron a las calles, con el paro docente, la movilización de la CGT, el paro de mujeres y la multitudinaria marcha federal docente. Me parece que todos lo sentimos y ellos… Ellos también.

Piqueteros, maestros y obreros, para cada uno, dice Morales Solá en la editorial del domingo pasado, el gobierno trabaja en un plan porque sabe, porque entiende, que eso unido y en la calle tiene la fuerza que no tienen millones de votos.