Sábado, 18 Marzo 2017 01:26

Cuestiones de Estado

Escrito por  Germán Mangione

*Editorial del programa La Brújula de la Semana 18/03/2017

La idea que emana desde arriba es clara. El mensaje de la época no deja lugar a dudas. El Estado debe retirarse, acotar sus funciones. Dejar espacio. ¿A qué o a quiénes? También parece estar bastante claro. A las inversiones, a los negocios, al capital, en definitiva a ese ente omnipresente que llaman mercado.

Así, con el Estado en el banco de suplentes, nos dicen, la cancha está preparada para que el señor mercado juegue tranquilo su partido y en, una de esas, por ahí nos llueve alguna pelota.

Y así nos quieren, sentados en la tribuna sin participar del juego, a lo sumo peleándonos con la otra hinchada.

 

Y arrancó el año pero no las clases, porque la ola anti Estado se quiere llevar puesta la paritaria docente. Con la excusa de que no hace falta sentarse a discutir el salario, el Estado le saca el cuerpo al debate salarial. Y pretende que los maestros acepten que el 17 % que el Indec dice que van a aumentar las cosas, sea el único parámetro que importa para determinar el salario. También pretende que ninguno se ponga memorioso a pensar cuánto perdió el año pasado, porque todos sabemos que tampoco son muy amantes de la memoria. Los gobernadores por las dudas, como la cosa viene de borrón y cuenta nueva, andan por ahí silbando bajito y mirando el techo, no vaya a ser que los rete Nación si a alguno se le ocurre pensar el sueldo como lo que un laburante necesita cada mes para vivir, más allá de pasarle raspando a la línea de la pobreza.

Porque viste que hay laburantes que encima de que tienen laburo, se les ocurre que hay que pagarles por un monto que les sirva para cubrir todas sus necesidades... Haberse visto. Como esta semana en el Plenario Nacional de Delegados de Base de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina, los aceiteros andan diciendo que el Salario Mínimo, Vital y Móvil para marzo de 2017 debe alcanzar 25.779 pesos. ¿Podés creer?

Dicen que leyeron un libro que se llama Constitución y ahí encontraron que en el artículo 14 bis y en el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo, dice que el salario es: “La menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.  Pero por favor… Ponerse a leer la Constitución en estos tiempos...

Pero la idea del Estado invisible no solo nos da clases de economía, sino también de transporte. Porque esta semana el secretario de Transporte de la Provincia de Santa Fe, Pablo Jukic, ex gerente de Terminal 6,  nos explicó que a Monticas -la empresa fantasma que se llevó puesta la vida de 13 santafesinos por no arreglar una goma que nadie le exigió que controle- le sacaron la concesión. Pero no por la montaña de denuncias de los usuarios que se amontonan hace 15 años, quién sabe en qué oscura y lejana oficina, sino para evitar "el conflicto social". Sí, eso nomas. Es todo lo que pudo explicar, porque según él el Estado está, y no vio nada. Como un referí adornado, siga siga, con lo dramático de que la falta en este partido costó 13 vidas.

Algo así le explicaron esta semana, o mejor dicho nadie les explica, a los muchachos de General Motors. Digo nadie les explica porque cuando la empresa suspendió la semana pasada a 350, lo hizo rompiendo todos los procedimientos legales que se te ocurran. Y ahí tampoco estuvo el Estado. Muchos sin telegrama, avisados por teléfono o ni siquiera notificados. Con un acuerdo que firmó el gremio, pero que los trabajadores rechazaron en asamblea y que apareció presentado hace solo unos días en el Ministerio de Trabajo de la Nación para su homologación. La república unificada de General Motors hace y deshace a su gusto, en su enclave colonial. Parece tener sus propias leyes laborales y quizás en esas leyes los lesionados por los ritmos infernales de trabajo o aquellos que se les ocurrió pedir mejoras para no perecer en el intento de trabajar, son trabajadores con menos derechos. Y ahí cuando el Estado no está, otro cumple el rol. No van a pedirle a General Motors que encima de que tiene que dictar sus propias leyes, ande respetando las nuestras.

Y el Estado te pregunta: ¿Te quedaste sin laburo? Y él mismo te contesta: Mala leche. O eso parece preguntarle  y contestarle a los laburantes de Sancor, porque ya avisó que no piensa meterse a ayudar a la cooperativa ni a los 4.000 laburantes que ahí se desempeñan.  Así que a arreglárselas muchachos. Esas son las reglas. O mejor dicho "así de dinámico" es el mercado laboral, como intentaba explicar el jueves un diputado del Pro en la Cámara de Diputados de la provincia ante los números de la desocupación, que crece desde que Mauricio Macri está en el gobierno.

Y así podríamos seguir con los ejemplos del Estado invisible. Ese Estado que se pone en el lugar de espectador, pero esta vez de un recital y deja librado a lo que los productores musicales crean que es lo mejor. Para qué nos vamos a meter, si los que son del palo son ellos. Sabrán cuánta gente va a ir o cuánta entra. Nosotros, dicen los funcionarios antes de las muertes, parezcamos piolas y vamos las bandas.  Y ahora, con los muertos frescos, hay que buscar culpables.

La apertura de importaciones es otro buen ejemplo. El mercado proveerá, explican, y deciden que el que quiera importar que importe, total qué importa. Y así los muchachos de Mefro Wells ven entrar kilos de llantas de Alemania, que trae la misma empresa que compró la planta donde trabajaban, para después cerrarla. O los criadores de chanchos que atónitos ven crecer las importaciones de jamón español o de cerdo congelado dinamarqués, que llena las góndolas mientras en nuestras pampas se empiezan a vaciar los chiqueros... Una chanchada.

Pero la verdadera incógnita es cómo logró instalarse esa idea, cómo logró consenso social.  Cómo la intervención estatal pasó a ser mala palabra o, mejor dicho, la no intervención pasó a ser bien vista.

Arriesgamos la hipótesis de que el uso del Estado para beneficio de grupos empresarios amigos y beneficios de la clase dirigente, fue moldeando la base sobre la que luego se asentó la aversión a la intervención estatal. Tapando incluso los beneficios que por mano del Estado recibieron miles de argentinos en la administración anterior.

Pero hay algo más grave que la aceptación mayoritaria de un Estado espectador, librando a la voracidad del mercado a los habitantes de esta bendita Nación, y es el intento de instalar la idea de que son esas dos -y ninguna más- las posibilidades de intervención del Estado. O es un Estado que interviene y le da una tajada a quienes lo administran, o es un Estado que mira para otro lado mientras el mercado nos devora a pedazos.
Anula así la perspectiva de pensar que el Estado puede intervenir de manera virtuosa, haciendo y no robando, participando y no corrompiendo, mediando sin favorecer a los de siempre. El daño central del roban, pero hacen. Eso creo, es lo más grave del fenómeno y lo que más va a costar remontar en el imaginario colectivo.

Sin embargo, la cosa no es tan lineal tampoco, porque el Estado no reparte ausencias por igual. El viernes el mismo ministro que no explicó cómo una empresa que a la vista de todos violó las normas de seguridad vial, hasta llevarse la vida de 13 santafesinos, pudo transitar por la provincia sin que los controles estatales detectaran la dimensión del desastre por venir; el mismo Pablo Jukic participó de la apertura de sobres por la licitación a los accesos viales de los puertos santafesinos. Ese embudo por donde salen gran parte de la riqueza del país, hoy en manos de unas pocas empresas exportadoras multinacionales. Ahí el Estado sí interviene, tanto el provincial como el nacional, aportando mil y 10 mil millones de pesos, respectivamente.

Cifra sideral, más allá de las diferencias de necesidades, a la invertida en el transporte de pasajeros interurbano en el que Jukic anunció en noviembre un "gran plan de reconversión", que terminó siendo un GPS por unidad y una página web para hacer denuncias.

O cuando interviene para decidir quién tiene la culpa y así sentenciar a la exclusión a quien quiera. Como cuando Francisco Cabrera, el ministro de Producción de la Nación, dijo suelto de cuerpo que "el problema de Sancor son los trabajadores"; y dejan entrever en la empresa que si quieren ayuda, primero se desprendan de 1000 laburantes.

Por suerte, como siempre, estamos nosotros. Los de a pie, los que entendemos que sin el árbitro perdemos por goleada. Y entonces si el árbitro mira desde la manga, salimos a la calle con los docentes a gritarle que salga a la cancha; salimos como los laburantes de General Motors a decirle que no le va a dar resultado ocultarlo de la tele, porque se lo vamos a gritar igual; o como los de Sancor que se quedan en la fábrica, porque de la cancha no nos vamos más. Se lo vamos a recordar, a estos que quieren hacer negocios mirando para otro lado y a los otros que quieren volver a hacer negocios metidos en la cancha. Porque este partido no lo perdemos más. Porque en última instancia, sabemos... Aprendimos que el Estado a veces funciona, e incluso a veces funciona bien; pero sin nosotros exigiéndoselo, sin nosotros recordándoles a sus administradores que no son dueños sino representantes, la cosa no va a funcionar.