Martes, 16 Septiembre 2014 17:12

La noche de los lápices y el semillero

Escrito por  Pablo Di Palma (Colaborador)
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Este 16 de septiembre se cumplen treinta y ocho años de la “Noche de los Lápices”. Corría el año 1976, la oscuridad empezaba a cubrir el cielo albiceleste y la dictadura ya había comenzado a hacer de las suyas. Con el apoyo de la Iglesia, de los grandes grupos económicos y de importantes líderes sindicales, el gobierno de facto vio en la violencia y el terror la forma más vil de callar a las voces que pregonaban por la democracia, que tan interrumpida había sido durante las últimas décadas.

En febrero de 1975, un año antes del golpe militar, el gobierno constitucional de Isabel Peron, efectuó el ingreso de una de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la insurgencia, a través del decreto presidencial N° 261/75, que propugnaba la “aniquilación de la subversión”. Comenzaba así la denominada “Operación Independencia” que inauguraría las tácticas de la desatada “guerra sucia” contra la insurgencia guerrillera. Se inició de esta manera, previo al golpe militar, una intensa acción represiva por medio de las fuerzas del Estado –especialmente el Ejército y la policía- y comandos paramilitares de extrema derecha nucleada en la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).

Las Fuerzas Armadas llegan al poder el 24 de marzo de 1976. La por entonces presidente Isabel Perón, quien asume luego del fallecimiento de Juan Domingo Perón, fue detenida y trasladada a Neuquén. La Junta de Comandantes asumió el poder, integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti. Así Comenzó el autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional" y el terror empezó a filtrarse cada vez más en la sociedad.

El semillero

Sin dudas que uno de los estandartes de la democracia es la educación, obligatoria, gratuita y laica, algo que el terrorismo de Estado quiso impedir, pero que no pudo. Ese 16 de septiembre de 1976 las instituciones educativas, y sobre todo sus estudiantes, fueron el objetivo de uno de los grupo de tareas represivas. Es así que diez estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro 3 de La Plata fueron secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil un año antes (logro que alcanzó a varios miles de personas), un derecho que aún hoy en varias ciudades del país se sigue reclamando. Tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que calificó al suceso como lucha contra "el accionar subversivo en las escuelas". Claro, los jóvenes habían comenzado a participar activamente en la vida política de las escuelas y se vivieron experiencias hasta ese momentos inéditas, algo que no les convenía a los dictadores de entonces. Es por esto que anularon cualquier forma de protesta estudiantil, social o sindical.

Los estudiantes secuestrados fueron Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, quienes permanecen desaparecidos. Otros estudiantes fueron también secuestrados en esos días, entre ellos, Víctor Triviño -aún desaparecido- y Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti, Emilce Moler, Walter Docters y Alicia Carminatti, que lograron sobrevivir al ser pasados a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después.

Uno de los casos más conocidos y emblemáticos fue el de Pablo Díaz, uno de los liberados. El por entonces joven estudiantes declaró en el juicio a las ex juntas en el año 1985, cuando la historia de los jóvenes se hizo conocida mas allá del grupo familiar. Allí, Díaz sostuvo que: "Yo pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de la Plata y con los chicos del colegio fuimos a presentar una nota al Ministerio de Obras Públicas". Junto con sus compañeros desaparecidos, Pablo Díaz estuvo en los centros clandestinos de detención conocidos como Arana, Pozo de Banfield, y en la Comisaría 3 de Valentín Alsina y Unidad 9 de La Plata hasta 1980, cuando pasó a disposición del poder Ejecutivo Nacional, para posteriormente ser liberado.

Años más tarde, en una entrevista concedida a Felipe Pigna, en “Lo pasado pensado”, Díaz recuerda: “Hay un documento de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que se llama específicamente La Noche de los Lápices. Ese documento, firmado por un comisario mayor Fernández, en ese momento asesor del Consejo del general Camps y Etchecolatz, hablaba de que luego de desarticulados política e ideológicamente los sectores “subversivos” como universitarios, barriales, trabajadores, la piedra angular eran los “potenciales subversivos”, que eran los estudiantes secundarios que eran líderes en sus escuelas. Ellos hablaban de “semillero”, de “potenciales subversivos”.

El secuestro realizado el 16 de septiembre de 1976 a estos jóvenes estudiantes  muestra la crudeza y el alcance de la violencia que la dictadura ejerció sobre vastos sectores de la sociedad argentina. Esto abarcado en su amplia definición de enemigos reales y potenciales. Y sus “enemigos” eran los estudiantes que tenían actividad política, tanto en la Unión de Estudiantes Secundarios (U.E.S.) y en la Juventud Guevarista, participando en las movilizaciones llevadas a cabo el año anterior en pos de un boleto escolar secundario, aún en democracia. Dicho logro fue alcanzado para ser derogado años mas tarde por el gobierno de facto.

Con la restauración de la democracia, la sociedad argentina vio una luz de esperanza para la aparición con vida de estos jóvenes, o por lo menos, para obtener datos sobre los paraderos. Paradójicamente, luego del Juicio a las Juntas, el presidente Raúl Alfonsín mediante dos decretos sucesivos les quita responsabilidad a los dictadores, haciendo de la impunidad su más clara expresión. El decreto 158/83, ordenaba solo el juzgamiento de las cúpulas militares (ello deja implícito el criterio de obediencia debida); mientras que 159/83 ordenaba el juzgamientos de los jefes montoneros.

Hoy y siempre

Si bien la historia de los jóvenes quedo signada por el logro del boleto estudiantil, en ellos se veía una profunda vocación política, incapaz de ser comprada, y dispuesta a ser llevada al máximo para la conformación de una sociedad mas justa. Con menos de dos décadas vividas, conocían bien los rincones mas oscuros de la cuidad de La Plata, aquellos que siempre están ocultos. Sabían también quienes eran los culpables, y a quien reclamarle para que atienda en esta situación.

Quizás fueron sus acciones muy deliberadas, y el Estado demasiado sangriento para con ellos,  o quizá solo fue la historia que como grupo, vinieron a contar. 38 años después, siguen estando presentes.

Y en la ciudad de Rosario, a un mes de aprobarse en el Consejo Deliberante la aplicación del medio boleto universitario, se sigue sin noticias concretas sobre su aplicación. Ni siquiera se sabe bien la forma en que los interesados deben anotarse para conseguir su carnet.

 

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