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La tercerización mata: el caso de Ramiro Burgueño
Miércoles, 10 Noviembre 2010 02:24

La tercerización mata: el caso de Ramiro Burgueño

Escrito por  Bárbaros en radio

Ramiro tenía 23 años, y hacía 2 meses que trabajaba en la planta de la cerealera Vicentín ubicada en Ricardone, Santa Fe. Lo mandaron a hacer trabajos de limpieza a una celda almacenadora de granos sin la seguridad necesaria y quedo atrapado por el cereal que lo mató por asfixia. Esto ocurrio hace 3 años y hasta el día de hoy la familia sigue movilizada exigiendo justicia, segun Susana Tejero, madre de Ramiro el de su hijo es un caso ente muchos que se callan.
La muerte de Ramiro Burgueño

 

Lo mandaron a hacer el trabajo a la parte superior, cuando en realidad se debe realizar desde abajo, y cuando se abrió la válvula lo tragó el cereal, y también cayó otra persona que lo quiso salvar. Este hombre estuvo cuatro horas y media, pero le pudieron pasar oxígeno y se salvó. A mi hijo lo sacaron a los 20 minutos y ya estaba muerto. Si hubiera tenido una máscara de oxígeno y un arnés de seguridad, se hubiera salvado.
Después de su muerte decidimos hacer la primera marcha en San Lorenzo y hace 3 años que seguimos con este pedido de justicia, que es lo único que nos mueve.

“El que calla es cómplice”

Los empresarios se guardan el dinero que tiene que destinar a la seguridad. A los trabajadores no se los trata dignamente, y por eso muere gente. Hace poco falleció un muchacho en la cerealera Rodríguez de Soldini. Y hay otros casos como el de Juan Moreira hace 12 años, o el de Iván Rojas, un chico de 18 años que murió a las 4 días de empezar a trabajar en una cerealera. Nadie sale a decir nada, pero yo no me quiero callar, no quiero ser cómplice de las empresas. Quiero que se haga justicia por mi hijo y nada más.
Toda persona que se calla es cómplice de los empresarios y de los tiranos, que lo único que hacen es llenarse los bolsillos con el trabajo del obrero, y esto no puede seguir así. Algún día se tiene que acabar, y yo lucho por eso.

“Mi hijo fue a buscar trabajo y lo único que encontró fue la muerte”

Después de una tragedia así una se siente destruida, cuesta un montón levantarse todos los días, y hablar a través de los medios o presentarse a acompañar a otros padres que han sufrido el mismo dolor. Nosotros acompañamos desde el principio a los padres de “Marito" Secondino, un chico de 17 años que murió cuando su moto chocó con un auto manejado por una agente de la policía que venía en contramano. Y sentimos el mismo dolor, la misma impotencia, porque la gente te mira como si fueras un bicho extraño.
Siempre estamos organizando actividades para mostrarles a los chicos que pueden negarse a trabajar cuando no les dan la seguridad necesaria para cuidar su vida, porque no vale la pena entregarle la vida a un empresario por monedas. Eso se tiene que saber.
A raíz de esto hay chicos que se han negado a trabajar en malas condiciones, pero hay gente que sigue haciéndolo, y si los obreros aceptan trabajar en estas condiciones, lamentablemente van a ocurrir muchos casos más como el de Ramiro. Cuando nosotros nos movilizamos para ver a otros padres que sufrieron el dolor de perder un hijo, nos vamos enterando de más casos.
De la muerte de un hijo no se vuelve más, esto no se cura más; eso es lo triste y doloroso. Levantarse todos los días y ver sus cosas, los sueños que tenía, los proyectos, ya había comprado los anillos porque se iba a comprometer 4 días después. Y todo quedó en la nada, los nietos, la familia que imaginábamos. El fue a buscar trabajo y lo único que encontró fue la muerte.

La situación de los jóvenes trabajadores

Esta situación no va cambiar, todo el mundo hace oídos sordos. Los jóvenes por ahí quieren cobrar su sueldo a fin de mes porque tiene el sueño de comprarse el auto y tener sus cosas, pero la mayoría no conoce el trabajo que van a hacer. Las empresas no les dicen que tienen que usar un arnés de seguridad, o tener un handy para comunicarse con la persona que los tiene que cuidar desde fuera de las celdas. Ramiro no lo sabía. El tenía la necesidad de cumplir sus metas como hombre, y por eso perdió la vida.
Lamentablemente nadie dice nada, pero yo no me quiero callar, no quiero ser cómplice de nadie. Quiero defender la muerte de mi hijo, porque nadie merece morir así.

La lucha por justicia

El 15 de noviembre fuimos a la puerta de los bancos con la mamá de “Marito” Secondino. Siempre nos ayudamos y estamos juntas porque sabemos el dolor que se siente, y llega un momento en que si no lo enfrentás, te enfermás o te morís. Pero tenés que seguir adelante todos los días, que es lo más duro.
Luché para que mi hijo estudie, para que sea una persona de bien, que no esté en la calle. Hacía poco se había recibido en mecánica del automotor e inyección electrónica, y al mes y medio de su muerte, lo llamaron de 5 trabajos. Tenía muchas posibilidades de seguir adelante. Y ese es el dolor más grande, preparar a un hijo para la vida y que en 5 minutos te lo maten.
También lamento que los obreros se dejen manosear por un sueldo, porque si vos amás a tu familia tenés que luchar para que esto cambie. No estoy luchando para que cierren la fábrica o por política, estoy luchando por los trabajadores que quedaron vivos, porque por  Ramiro no puedo hacer más que llorarlo.
Estoy luchando para que los chicos conozcan este caso y tengan cuidado, porque en parte la juventud es querer comprarte el auto, progresar y cobrar tu sueldo todos los meses, pero muchas veces esto termina con la muerte. Es terrible.

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