Jueves, 16 Marzo 2017 23:00

Soy mi Trabajo: General Motors

Escrito por  La Brújula
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El viernes 3 de marzo a las 23.30, los coordinadores de trabajo de General Motors reunieron a toda la planta para comunicarle que de los 2.000 empleados que integran la fábrica automotriz de Alvear, 350 iban a ser suspendidos por nueves meses, para luego ser desvinculados en forma definitiva. Desde la cúpula dirigencial adujeron una crisis económica, pero los trabajadores saben que los motivos son otros: problemas físicos (adquiridos por el manejo de las maquinarias) y discrepancias ante las autoridades, son algunas de las causas de fondo.


Conocé la historia de los trabajadores de General Motors, personas que se quedaron en la calle -literalmente- de la noche a la mañana.

Trabajo realizado por el Equipo de Fotografía y Cronistas de la Cooperativa de Comunicación La Brújula 

 

 

César Orazi

Durante unos 10 años trabajó en la línea de submontaje de la automotriz. La noticia lo tomó por sorpresa, como al resto de sus compañeros: “Estoy esperando un hijo en dos semanas. Cosas como estas pegan el doble; porque además del hijo, tengo deudas, proyectos, objetivos a los que debo ponerle una pausa. No sé qué es lo que va a suceder”.

“El 1º de marzo salió un titular en La Capital diciendo que la empresa iba a suspender a 350 empleados. Nos enteramos así. Estaba de vacaciones y entré a trabajar al día siguiente. Se hablaba entre pasillos que lo que salió en el diario era real, iba a suceder en cualquier momento, sin saber cuándo ni quiénes. Creemos que la misma empresa o el sindicato arreglaron la nota. Esto fue adrede, para jugar con la cabeza de los empleados y preparar el terreno. De hecho, durante jueves y viernes ninguno de los superiores inmediatos se acercaron a hablar; no teníamos información de primera mano y estábamos con una incertidumbre bastante grande”.

“Recibí el llamado a las 11 de la mañana de una persona de nombre Marcelo, que no sé quién es. Hablaba en nombre de la empresa y me comentó que entraba en el sistema de suspensiones. Si quería más detalles, debía esperar la llamada de una persona de Recursos Humanos. Pasaron 14 días y todavía no me llamó nadie. Le pregunté a un abogado cómo tenía que actuar, porque ese llamado no tenía validez legal. Me dijo que me presente igual el lunes, porque no me llegó ninguna carta documento ni nada. Cuando estaba llegando al playón de la fábrica, había varios patrulleros y policías, más el doble o triple de seguridad privada cuidando los portones externos. Ahí empecé a pensar ‘acá va a pasar algo’”.

“Tuvimos que hacer cola y entrábamos de a uno. Había una persona de seguridad que preguntaba nombre, apellido, y pedía documentos y credenciales para ver si estabas en la lista. Si estabas, te mandaban a un cuarto aparte con otra persona de seguridad y una computadora para confirmar los datos. Te daban una copia del telegrama, que tampoco es legal porque es una fotocopia de un papel que ellos, supuestamente, habían mandado pero nunca nos llegó”.

“Nos quedamos esperando una explicación y nadie salió a explicar nada. Al rato, unas 150 personas nos fuimos a la comisaría y, al ser tantos, estuvimos más de tres horas. Cada trabajador tenía que hacer la denuncia para que quede asentado que nos presentamos a trabajar, así que fue un trámite muy tedioso. Después, algunos volvieron a la empresa, otros fueron a su casa, mucha gente se puso a llorar, cada uno fue asimilando la noticia de diferente manera”.

 

“Un día normal de trabajo era de nueve horas, sin contar las horas extras. La empresa a veces necesitaba que se haga una hora extra por turno de producción. Esas horas, más que un pedido eran una obligación: si no te quedabas te decían que afectaba al equipo de trabajo, que complicabas a tus compañeros; además era mal visto por los superiores y corrías el riesgo de perder el trabajo”.

“Tuve lesiones profesionales, una en el tendón del hombro izquierdo y un túnel carpiano en la mano izquierda. Fui tratado pero nunca denunciado en la ART, porque pensaba en no hacerle mal a la empresa. Siempre busqué seguir trabajando, aunque sea en tareas administrativas. Las lesiones son algo usual, lo tiene el 99% de los empleados. He sido tratado pero nunca me curé”.

“Me sorprendió estar en la lista. Hablé mucho con los líderes y con el coordinador, que hace una evaluación cada seis meses y en la última tuvimos discrepancias. Me llamó la atención que me evaluara de una manera tan crítica y negativa. Yo le reproché que él estaba alejado del grupo, que le reclamaba mejoras ergonómicas, mejoras en las condiciones del trabajo. No sé cómo puede evaluar algo que no ve. A lo mejor ese reclamo incidió en mi evaluación”.

“Fuimos a hablar al Concejo Deliberante y salió una resolución para dejar de comprar a la empresa, ya que proveía los vehículos para todos los servicios públicos de la ciudad. También tuvimos el apoyo de otros sindicatos como el de metalúrgicos, AMSAFE e inclusive vino el sindicato que nuclea a los trabajadores de General Motors de Brasil. Eso nos hace sentir bien, porque te hace dar cuenta de que los equivocados no somos nosotros, de que la empresa se está manejando de una manera repudiable e ilegal”.

 

 

 

Darío Sosa

 

Trabajó 20 años en la automotriz. Era empleado de línea, en la parte de ensamble del área de submontaje.
“El 3 de marzo nuestro coordinador nos juntó y nos comunicó que a la mañana siguiente todos los empleados íbamos a recibir un llamado, donde nos iban a decir por sí o por no, si seguíamos en la empresa, que estuviéramos atentos al teléfono. Como para ponerle un poco de suspenso, como si fuese una película de terror. A mí me llamaron a las 12 menos cuarto del mediodía del sábado, así que estuve toda la mañana esperando”.

“Es el típico caso donde se separa la paja del trigo. En mi caso puede ser por múltiples lesiones que tengo, he estado mucho tiempo de baja por la ART; pero en otros casos por enfrentamientos con el sindicato, cuestiones políticas y por oponerse a las determinaciones de la empresa”.

 

“Hay determinada clase de personas a las que marcaron, porque si fue por una crisis, como dicen ellos, tenemos alternativas: rotación de suspendidas, reducción de horarios laborales. Lo llamativo es que ellos hayan apuntado a cierta gente y se hayan quedado con un plantel fijo, sin desmerecer a los compañeros que le tocaron quedarse. Nos sentimos digitados, apuntados, por el superior inmediato, coordinadores y líderes, ahí es donde se cocinó el nombre de cada uno”.
“Hubo una reducción de producción por la influencia de Brasil. Se discontinuaron productos como el Agile, el Classic, pero consideramos que eso no es motivo para que se despidiera a 350 de nosotros. Lo que esperamos es que se revoque el acuerdo que se firmó entre la empresa y el sindicato (SMATA), porque entendemos que es ilegal, es un acta que no se homologó por el Ministerio de Trabajo. Demás está decir que el sindicato nos dio la espalda. Le conocemos la nuca a la gente del sindicato”.

“Nuestra tarea consta de movimientos repetitivos. Estuve 12 años en la parte de pintura, donde estás maniobrando con una pistola que pesa 750 gramos. De ahí proviene la mayoría de las lesiones de mi muñeca. Tengo operado el interóseo posterior derecho en el brazo, tengo hechos 46 puntos; y a eso hay que sumarle dos túneles carpianos (seis puntos) y una epicondilitis  (siete puntos más). Mis hijos ya están grandes, pero si tuviera que tener un bebé en brazos no puedo; a los 15 minutos siento hormigueos. Si tuviese que manejar o hablar por teléfono, se me acalambran los brazos. Y no estamos hablando de ningún deporte de riesgo, sino de la imposibilidad de realizar acciones cotidianas como pisar papas para hacer puré. Con 49 años y todos estos problemas físicos, estoy al margen de cualquier tipo de trabajo en relación de dependencia. Yo ya no estoy en carrera”.

 

Marcos Torres

Entraba a la planta automotriz a las 6 de la mañana y salía a las 3 de la tarde. Su tarea consistía en llevar materiales a la línea de producción. “Trabajábamos con autoelevador, manejábamos todo tipo de vehículos. Teníamos una hoja de trabajo, la cual al principio nos llenó de satisfacciones porque hacíamos nuestro trabajo en tiempo y en forma. Luego, eso se fue desvirtuando y fueron más exigentes”.

“Me he cuidado mucho. Trataba de respetar esa hoja de trabajo para no ‘autolesionarme’. Tengo espolones en los pies, lo que provoca que no pueda estar mucho tiempo parado. Muchas veces las presiones internas, gerenciales, de coordinadores y lideres te llevan a hacer trabajos extras, que provocan ese tipo de lesiones. Soy de las personas a las que no les daban opción, sino que trataba de hacerme respetar para lo que me habían contratado”.

 

 

 

“Por negarme a hacer ese tipo de trabajos tuve muchos problemas con coordinadores y líderes. Tuve hasta problemas psicológicos: estuve de baja un par de meses, medicado por la presión que tuvimos ahí adentro. Es parte de la lucha para que en el día de mañana uno continúe una vida y no estar siempre pensando que si te pasa algo, no puedas trabajar en otro lugar. Ellos dicen que General Motors es un buen lugar para trabajar y yo no lo creo, porque lo veo en mis compañeros. Quizás estoy en esta situación por negarme a hacer trabajos extra”.
“Cuando me enteré de la noticia estaba haciendo el turno noche: entré a las 23.30 y salí a las 6 de la mañana. Fui a mi casa y a las 8 sonó el teléfono para avisarme que estaba suspendido. Pasamos un fin de semana horrible. No sabía qué hacer, qué decir. Conseguimos el apoyo de un grupo de los que quedaron adentro, y con el grupo de suspendidos estamos haciendo varias actividades. Estoy tranquilo porque el trabajo lo hice a la perfección, pero muchas veces no miran eso sino otras cuestiones. Si no hice las cosas como ellos pretendían, es porque no corresponde”.

 

“Yo le veo solución (al conflicto); creo que el día de mañana se me permitirá hacer mi descargo delante de algún directivo, voy a poder compartir mi inquietud y decirles lo que le ha dado a la empresa. Tantos años que uno ha pasado calor, frío, se ha mojado, ha pasado por las mil y una para tener la asistencia perfecta, para llegar a horario y hacer el trabajo como corresponde. Tenemos nueve meses por delante. Sé que es muy difícil, porque además tenemos una bajada en el porcentaje del sueldo y uno tiene cargas familiares, cuentas, créditos y sobretodo hijos; que son a quienes les tengo que dar explicaciones y yo quiero luchar por ellos”.

 

José Luis Fredes

Comenzó a trabajar en la fábrica hace siete años. “Cuando arranqué, me hicieron pagar derecho de piso y trabajaba 12 horas, de lunes a domingos y feriados. Después bajó a 11 ó 10 horas. Después de un año y medio, bajé a nueve horas”.
“Me llamaron el sábado a las 11 de la mañana para avisarme que estaba suspendido. Esa suspensión es para todos de nueve meses, cobrando el primer trimestre el 80% de los haberes, el segundo 65%, para finalizar cobrando el 55% del total. Luego quedamos desvinculados de la empresa”.

“Tengo 27 años, pero ya tengo varias complicaciones físicas: me operé en 2014 del hombro izquierdo porque se me había deshilachado el tendón, tenía tendinosis en el hombro derecho y en el codo, y túnel carpiano en la mano derecha. Todo eso producto del trabajo. Fui reubicado en un sector, teóricamente, más liviano. Digo teóricamente porque empezaron a aumentar la producción y llegó un punto en que no era nada liviano”.
“La idea parece ser descartar a los que no sirven. Quieren hacer lo que hicieron conmigo: tenerlos trabajando uno o dos años 12 horas, exprimiéndolos para después descartarlos. Si voy a otro trabajo y me hacen un examen pre ocupacional, sé que no lo paso por todas las operaciones que tengo. Me operé porque no podía levantar la pava del mate. Y ahora no voy a poder entrar a trabajar a ningún lado”.

 “Creemos que hay muchísimas soluciones que se pueden tomar antes que suspender a 350 compañeros. Somos más o menos 2.000, se pueden hacer rotaciones y no ser señalados para saber que en diciembre no volvés a trabajar. Quiero volver a trabajar, porque sé que a otro lado no voy a ingresar y quiero que me reubiquen donde estaba o que me asignen en un lugar donde pueda trabajar. Mi situación es como la de muchos compañeros que están operados, no van a ingresar en otro lado, porque las fuentes de trabajo no abundan precisamente”.

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