Jueves, 24 Marzo 2016 03:07

Sobrevivientes: Martha

Escrito por  Fotografías: Fernando Der Meguerditchian - Julieta Pisano / Crónica: Leandro Yanson

No fue un sueño. Todo lo que cuenta Martha ocurrió, así como todo lo que cuentan los miles de detenidos durante la última dictadura. Su vida, la militancia, y el deseo de cambiar las cosas nos muestra cuáles fueron las razones.
El encierro y las torturas sufridas nos revelan la represión de la época, y lo que vino después nos enseña las continuidades con aquellos tiempos que aún hoy siguen vigentes.

Martha y Dante, su marido por aquellos años y ambos militantes, fueron detenidos junto a su pequeña hija en abril de 1979, quedando a merced del II Cuerpo del Ejército del Batallón de Comunicaciones 121 de Rosario.

Martha era militante, estuvo en el Cordobazo y en el segundo Rosariazo, desde el 68 pasó gran parte de su juventud en las actividades llevadas adelante por el PJ (Partido Justicialista), haciendo de estafeta para el partido.
Fue en esa época cuando ella empezó a involucrarse en el activismo político. A partir de toda la movida que se gestaba en Córdoba, empezó a juntarse y organizarse, ellos buscaban definir qué es lo que querían para el futuro.
Así dio inicio a su historia, que fue de una perpetua movilización, tanto en las calles como cambiando su hogar por lo que creía y porque la perseguían. Fue luego de ese 68 que intercambió la provincia del cuarteto, el fernet,
y por ese entonces del estallido social, por Santa Fe, llegando a Rosario, donde también la sociedad se hallaba en efervescencia.

“Ahí en junio es la primera vez que me voy. Con mi pareja decidimos buscar un trabajo afuera, él era plomero, yo trabajaba vendiendo fotografías y demás cosas. Nos casamos porque estaba mal visto en los pueblos, nos casamos en agosto, el 23, yo ya estaba embarazada de mi hija.” Al volver a Rosario se quedaron en San Nicolás al 3300, hasta que lograron alquilar una casa por Crespo al 3100. La casa estaba marcada, por lo que no estaban convencidos de irse a vivir ahí definitivamente. Durante ese tiempo su madre le contó que la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) había ido a su casa preguntando por ellos.

Martha junto a sus hijos Franco e Ivana, y su nieta Amancay, en el frente del hogar familiar.

“Yo me quería quedar en la casa de mi suegra porque quería enganchar a un primo mío, que su papa había sido militante, y mi marido se quería ir a la casa que nosotros estábamos alquilando.”
En octubre del 77 una patota recorrió el barrio Bella Vista, forzando a una vecina a que les informara quiénes alquilaban la casa de Crespo. La patota se asentó en la casa y armó una “ratonera”
donde estarían por cinco días hasta que los cuñados de Martha y Dante llegasen al lugar, donde fueron separados y revisados.
Sus conocidos comenzaron a decir que se habían ido a Córdoba, aunque su verdadero rumbo fue hacia Buenos Aires. A los 10 días finalmente se dirigieron a Córdoba, porque fueron avisados de que la casa a la que iban a parar sería revisada.
Comenzó entonces una odisea por la zona norte y oeste de Argentina, donde se dirigieron a Corrientes, Santa Elena, a Salta donde alguien les podía dar trabajo a ambos, probaron suerte en Santiago del Estero y Tucumán.
Acabaron yendo a Cosquín a pesar de que la casa en la que habitaban estaba señalada, allí Dante consiguió trabajo en la FIAT. Por el momento se encontraban tranquilos, aunque desde hacía tiempo nadie podía mantenerse
totalmente tranquilo. “En el 75 empezamos a cuidarnos para juntarnos en reuniones, ahí las personas se empiezan a ir del país”.

Franco e Ivana, permanecieron en prisión junto a sus padres. Ivana fue detenida con ellos, y Franco nació durante el cautiverio.

Piero, un agente del Tercer Cuerpo del Ejército, le confirmó a Martha que tenían la orden de capturarlos, que tenían que pasar a la órbita del Segundo Cuerpo. No lograron salir del país, fueron a Misiones,
pero la frontera estaba llena de controles por los que no podrían pasar.
“No lográbamos salir del país, intentamos salir por el norte, en Misiones, pero había controles. El 1 de abril ya Piero dice que nos tiene que entregar, que aunque nos resistamos nos tiene que entregar.
Ahí agarramos lo poco que pudimos y nos trajeron a Rosario, en un celular, los traslados se hicieron en Falcon, y quedamos en la órbita del Segundo Cuerpo del Ejército.”
Fueron aislados dentro del edificio. Dante estaba por un lado, mientras que ella e Ivana -su hija- estaban juntas en otro lugar. Fue entonces cuando se inició el Consejo de Guerra que haría de juzgado para sentenciar a ambos a la reclusión. Durante ese tiempo fueron trasladados de manera semanal para interrogatorios, el procedimiento se llevaba a cabo con ellos vendados, con las cabezas apuntando hacia el piso
y con las luces bajas, de modo que no pudieran identificar a quienes les hablaban.
“En agosto nos hacen elegir a nosotros abogados defensores dentro de una lista del Ejército. Elegí a cuatro o cinco y no me querían defender. Me toca uno jovencito, que en el momento de pedir condena pide más que el fiscal, él pide 20 años y el fiscal 18. Nunca me habló, nunca me dijo nada, le escuché la voz el día de la sentencia.”
Tras esa instancia fueron llevados en un Falcon las cuatro mujeres y las dos niñas que se hallaban juzgadas junto a Martha durante esos días, en otro auto iban los dos varones. El destino era Monte Grande.

Los hijos de Martha sostienen una foto de ellos mismos dentro de la Unidad 21 de Resocialización de Ezeiza.

“Pensábamos que nos iban a desaparecer, porque nadie lo conocía. Cuando estamos en el Batallón 121, todo abril, todo mayo, sin que la familia supiera donde estábamos. A medida que empieza a funcionar el consejo de guerra,
empiezan a blanquear nuestra situación, mi suegra puede empezar a visitarnos. “
Acabaron en Monte Grande, dentro del partido de Ezeiza. Es el hogar de la unidad 19 que contaba con un casco de estancias, destino elegido por sus captores para mantener durante meses a los detenidos.
Es un predio ubicado en el centro de la 19, las estancias eran mixtas y estaban ocupadas por detenidos de todo el país, alrededor de dos personas por provincia, era la “unidad de resocialización”, la unidad 21, la U21.
Donde se hallaban había cuatro puestos de control, que era la fusión de los dos externos e internos de la unidad 19, además de contar con celadores propios de la estancia donde se hallaban.

En junio de 1980 por una orden de la Marina, todos los detenidos recibieron una inyección en la espalda, sin ser informados del fin de la misma. Diez personas fueron internadas, entre esas se encontraba Martha, que estaba embarazada.
Tras ese suceso Martha es llevada a la Unidad 10 de Caseros, y le realizan un aborto sin anestesia. Sin perder el tiempo le hacen limpiar el piso manchado por la sangre que había dejado.
Durante 20 días estuvo encerrada en un sótano oscuro en el que se filtraba la luz por una pequeña parte de una ventilación, desde afuera todos estaban insistiendo para que fuera trasladada. Finalmente fue llevada de nuevo a la Unidad.
Martha volvió a quedar embarazada. Pasados los seis meses de embarazo llegó el Ejército buscándola y le informaron que la trasladarían, porque tenía que parir por órdenes de los superiores. “Vieron que yo no paría, yo les explico que estaba de seis meses, y estaban desconcertados.”


Algunos objetos que Martha conserva de su detención. Regalos de compañeros, tejidos, y fotografías.

“Cuando rompí bolsa no llegaba la orden del Ejército, justo uno de los compañeros había estudiado medicina entonces pidió las autorizaciones para asistirme con otra compañera, a ver qué se podía hacer.”
A las 12 de la noche llegó finalmente la orden. Fue trasladada en un Falcon, esposada, se dirigían a Devoto. Cuando nació su hijo, tras el parto fue llevado enseguida, lo único que Martha alcanzó a ver fue un lunar en su espalda.
“Nunca supimos donde estuvo ese tiempo, a los cinco días me lo traen de vuelta. Ahí reconozco el lunar y me habían dicho que era varón, nada más.”

El 18 de abril del 82 fueron liberados. Emprendieron el viaje a Rosario, sin tener absolutamente nada, ni trabajo, ni casa, ni muebles, ni comida. Martha no podía acceder a un trabajo ya que todavía figuraba con orden de captura,
debido a que el segundo cuerpo no había dado aviso de su liberación. En el 86 había intentado conseguir el certificado de buena conducta, pero no sirvió para resolver su situación.
En el 89 tuvo que conseguir un abogado para poder comenzar un litigio para lograr que el pedido de captura deje de tener efecto y se reconozca el cumplimiento de su condena. Durante todo ese tiempo tampoco pudo estudiar,
sus materias aprobadas habían sido modificadas y estaba amenazada, le dijeron que si ponía un pie en la facultad la iban a matar o desaparecer.
Tras todo el esfuerzo para conseguir volver a su vida, criar a sus hijos, conectarse con la nueva realidad que se asomaba, Martha continuó su militancia, ahora con el claro objetivo de acabar con las continuidades de la dictadura,
de garantizar la justicia y de revelar la verdad oculta durante esos años.
Así llegó a conformar la Comisión para la Memoria, la cual coordinaba con organizaciones de derechos humanos para dar lugar a intervenciones, posicionamientos y proyectos enmarcados en nuestros derechos.
Un ejemplo es la expropiación del inmueble de calle Moreno y Córdoba, que pertenecía al bar Rock&Feller’s, donde ahora se encuentra el Museo de la Memoria. La expropiación se hizo mediante un pago a los dueños del bar de un monto total de dos millones de pesos. También fue parte de la lucha de Martha el apoyo para la continuidad de los juicios, ya que en aquel entonces todavía no se habían derogado las leyes de impunidad sancionadas durante los 90.
Todo el trabajo acumulado llevado adelante por ella y sus compañeros dieron fruto a muchos de los espacios que hoy en día continúan esa lucha, tanto organismos de derechos humanos, como la Comisión de la Verdad
que forma parte de la Municipalidad, la cual estuvo basada en la comisión del Museo de la Memoria.
Además, ella asiste todos los jueves a la ronda que hacen las Madres de Plaza 25 de Mayo pidiendo por justicia y por la verdad.

Martha es una sobreviviente del plan sistemático que buscó acabar con toda perspectiva de cambio social, pero no es sólo porque sigue con vida, sino también porque nunca bajó los brazos y para cada problema se organizó
para encontrar la solución.

 


Martha nunca dejó de estar vinculada en la búsqueda de la verdad y la justicia. Cada jueves a las seis de la tarde, marcha junto a las Madres de Plaza 25 de Mayo en la tradicional Ronda de los Jueves.