Charlamos con Felipe Pigna, quien nos cuenta acerca de su último libro, “Mujeres tenían que ser”, su importancia en la historia argentina, el revisionismo histórico, sus detractores, y sobre la importancia de entender a la misma como un patrimonio social colectivo.
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“’Mujeres tenían que ser’ es un recorrido por la historia de las mujeres argentinas que va desde la conquista española hasta la década del 30´, destacando particularmente a las mujeres rebeldes, luchadoras, desobedientes -así dice el subtítulo-, de mujeres que han quedado olvidadas o marginadas por la historia oficial, es un rescate a esa parte de la historia”, relata Pigna. Y destaca: “Que los que no tienen historia la tengan”.
¿Qué te llevó a escribir sobre las mujeres en la historia?
-Es un libro que me pidieron mucho las lectoras, que en cada charla o en cada encuentro, o a través de la página web (www.elhistoriador.com.ar) insistían bastante sobre esta cuestión de escribir un libro sobre las mujeres, y hace dos años tomé la decisión de empezar a trabajar en ese tema, dos años de fuerte investigación para poder lograr este libro. Este es el primer tomo, supongo de dos o tres tomos, de las historias de las mujeres en nuestro país.
¿Cuál es el papel de la mujer en la historia argentina?
-El papel de la mujer en la historia argentina es como en la historia universal, es un papel de postergación donde no se la dejó participar en política, por lo tanto aparece como en un papel secundario, pero la mujer siempre intentó acceder a lugares de poder, a poder ejercer sus derechos, entonces si vamos a juzgar por su participación activa en el poder la mujer siempre tuvo una participación secundaria hasta por lo menos el siglo XX, salvo el caso de algunas reinas que llegaban por herencia al poder en la Edad Moderna, como Isabel de Inglaterra u otras reinas. La mujer estaba por fuera del poder porque se la marginaba, se trataba de que la mujer no acceda al poder, entonces el rol fue creciendo a lo largo del siglo XIX y, particularmente, en el siglo XX, cuando aparecen las luchadoras socialistas, anarquistas, las mujeres luchadoras por el voto femenino, las llamadas “sufragistas”, que tratan de conseguir lo que finalmente se va a conseguir en 1947 que es que no solamente que la mujer pueda votar sino ser votada e incorporarse activamente a la actividad política.
Ahí jugaron un rol muy importante las mujeres…
-Sí, fundamental, las impulsoras de ese derecho que estaba cercenado, que era la posibilidad de votar, empiezan la lucha a principios de siglo y va a ser de prácticamente medio siglo para poder conseguir esos derechos que, como decía antes, incluía no solamente la posibilidad de emitir un voto sino de ser electas diputadas o para cargos públicos.
Rescatás también el hecho de la participación de la mujer en el periodismo, nombrás a dos anarquistas…
-Sí, Virginia Bolten por ejemplo, fundadora de La Voz de la Mujer, un periódico muy importante, uno de los primeros periódicos anarquistas de la Argentina y, particularmente, un periódico dedicado enteramente a la mujer. Virginia Bolten era una activa militante del anarquismo que tuvo una importante participación en Rosario en las huelgas de la refinería y en la primera conmemoración argentina del aniversario de los Mártires de Chicago. Dirigió su periódico, que fue realmente una tribuna de la mujer con respecto a los reclamos de derechos, de igualdad...
Y hoy haciendo todo este repaso histórico en esta investigación que abordaste de la historia de la mujer, ¿cómo creés que está hoy en día posicionada?
-Creo que está mucho mejor, igual seguimos teniendo muchos casos de violencia de género, sigue habiendo machismo, y sigue habiendo esta idea de la prohibición o de la propiedad por parte del hombre, queda mucho por hacer pero evidentemente la mujer ha accedido, y accede, a posiciones de poder, de mando, a cargos directivos, tenemos intendentas, tenemos a nuestra presidenta, tenemos a diputadas. La mujer es una coprotagonista de la actividad aunque todavía hay cosas inaceptables que siguen ocurriendo, en algunos cargos, particularmente en la actividad privada, que por un mismo cargo que un hombre la mujer cobre menos sueldo, eso marca una desigualdad inaceptable para el siglo XXI.
Se está dando en la actualidad un proceso en el cual se están replanteando la historia o hechos puntuales, y aparecen historiadores como vos que hacen un revisionismo histórico de determinados hechos. ¿Qué papel cumple ese revisar de nuevo la historia?
-Es muy importante volver a ver la historia con otra mirada, contraria a la mirada hegemónica, que sigue siendo la llamada “historia social” que al final encubre la historia mitrista, a la historia que triunfó en Pavón, y aquella historia que se impuso y que se sigue enseñando, la del puerto, la del interior como un anexo de Buenos Aires, el ninguneo de las vidas en las provincias, de las minorías, de las culturas originarias, de las luchas sociales, todo eso que se va metiendo bajo la alfombra y que es fundamental que los que no tienen historia la tengan porque la historia es un patrimonio social colectivo, no puede hacerse la historia desde una mirada absolutamente parcial.
Es romper con la historia de Billiken...
-Sí, es la historia de Billiken, y la historia contada desde la elite en cuanto a que los que escriben la historia, los que la protagonizan, son siempre los mismos y serán siempre los mismos, y el gran ausente en esta plaza histórica es el pueblo, como protagonista. Son estas historias de prohombres, historias de héroes, donde el pueblo no tiene cabida.
¿Te trajo muchos detractores volver a revisar la “historia clásica”?
-Sí, algo que por supuesto no me preocupa ni lo tomo como una cuestión personal, uno no tiene que defenderse en términos personales de los detractores que si atacan o te descalifican personalmente, lo que importa es que debatamos y que existan y coexistan dos formas de ver la historia, que la gente elija y pueda comparar. No lo tomo como una cuestión personal, no le doy ninguna importancia a los detractores que van por ese lado, sí me interesan aquellas personas que me puedan cuestionar algo desde el punto de vista histórico y lo podamos discutir pero lamentablemente la academia, la neoacademia, los que se llaman a sí mismos los historiadores “serios”, lo cual ya es toda una definición, porque hay que tener cara para llamarse a sí mismos historiadores serios, en general descalifican y no tienen interés en polemizar, lo interesante sería poder tener un debate pero se complica.
Sería bueno tener un debate amplio y abierto en cuanto a determinadas cuestiones.
-Por supuesto, porque la historia como todos sabemos es materia opinable, entonces estaría muy bueno poder debatir pero esta gente, en general, se cree la dueña de la verdad y rehúsa a este tipo de debates.
Se sigue sectorizando, también…
-Sí, es buena parte del discurso del poder, hay un discurso dominante periodísticamente hablando y hay un discurso históricamente hablando, uno es la continuidad del otro.
Felipe Pigna: historiador y escritor argentino, director del Centro de Difusión de la Historia Argentina de la Universidad Nacional de General San Martín, y columnista de la radio Rock & Pop. También dirige la revista Caras y Caretas, el sitio de internet www.elhistoriador.com.ar y es consultor para América Latina de The History Channel; entre otras cosas.